Una semana atrás, comenzó a construirse esta historia:

¡Tiempo de despedidas! Por vez primera en años sentí cierta tristeza en el instante del adiós. Breve, pero sentido. Mis compañeros, en especial Mario y Jóse, no querían que me fuese. Aunque sabíamos que nos reencontraríamos en cualquier parte, incluso, posiblemente a mi regreso, para mis últimos días en Grecia. Habían logrado confiar en mí, en poco tiempo y considerarme una parte importante del equipo. Desde el primer segundo deseaban que mi estadía se prolongase. No me engaño: a los pocos días, quería cambiar mis planes, y pensar en permanecer un año en el área.

La llamada del responsable en Atenas y rededores, fue clara, “necesitamos que vayas con urgencia a Lesbos”. Era el único que manejaba los tres idiomas que necesitaban en el momento. Había hecho un trabajo intenso e incansable en poco tiempo. Primero a cierta distancia y luego en contacto directo. Con cierto dolor acepté el encargo. Me daba pena no haberme despedido, en particular de los jóvenes afganos que colaboraban con nosotros en los campamentos. Aún más dolorido por haberle dicho a Omid que volvería al día siguiente. Había sido el mismo día en que lo había hecho argentino por unos minutos, que se transformaron en horas.

Tomé una ducha apurado. Recibí palabras de afecto de Jóse primero y de Mario más tarde. Armé la mochila con una velocidad inusitada, incluyendo inmerecidos regalos, que no sé dónde colocaré cuando continúe mí gira balcánica. Y sin cuestionarme la decisión, entré en el Metro de Plaza Victoria, dirección Pireos. No imaginaba que a mi llegada al puerto, Mike, un griego que esperaba con su camioneta, me trasladara de la terminal E7 a la E2. ¡Una vez más estaba de suerte!

He cambiado de sitios muchísimo, en los últimos años, y me he acostumbrado a que mis verdaderos afectos están lejos, y difuminados en varios países, pero esta vez me sentía muy cómodo y bien acompañado. ¡A gusto! No tenía deseos de irme, aunque sabía que me necesitaban más en otro sitio. Como decía con anterioridad, saber italiano, español e inglés; todos juntos, sería la razón principal, además de mi vasta experiencia en trabajo social en territorio.

Había arribado a Grecia, a pesar de siempre haber tenido el sueño de conocer el país helénico como turista, con el propósito de servir a refugiados. Desde el primer día había podido comenzar a tener contacto con la triste realidad cotidiana, pero no fue hasta la grandísima ayuda de mi entrañable amiga Patricia Valencia, que mis intenciones se institucionalizarían (con la horrorosa implicancia que tiene este concepto).

De ponto confirmar, que especialmente desde que he comenzado a ejercitar el desapego y una profunda madurez en la adaptación al cambio, me he estado haciendo la misma pregunta ¿por qué extraña razón tengo la fortuna de ser tan querido en cada sitio que dejo mi huella? No tengo explicación para ser tan agraciado. De igual manera sucede, para que segundo a segundo, en mi vida, todo salga perfecto. Desde subirme a trenes en movimiento en el preciso instante que parece que lo pierdo, hasta tener gente que con el último minuto decide acercarme con su auto, cuando ya no tengo manera de llegar a tiempo. Pasando por gente que sin conocerme me ha abierto las puertas de su casa, hasta mejor aún, la de sus corazones. Haber estado en lugares increíblemente únicos en fechas particularmente especiales. Y los ejemplos se cuentan a montones. La realidad es que debo tener un ángel de la guarda o protección especial. Como diría el opi, he tenido la dicha de vivir una excelente vida, y año a año, día a día, sentirme en ascenso (con sus momentos tristes, de angustia y de sufrimiento, que son excelente aprendizaje).

¿Hay alguna limitación a nuestros deseos?, me preguntaba mientras subía al ferry que me conducía a Mytilini, y la respuesta era NO. Cada vez que en mi vida, cual niño caprichoso, me propuse alguna meta, o tuve deseo de estar en cierto sitio en algún momento particular, al poco tiempo ahí me encontraba. Elegí, quizá desde pequeño, vivir con poco, pero apostar a ser feliz. Parte también del proceso de desapego. Así descubrí mi vocación social y mi amor más genuino por la escritura. Vivir hasta las entrañas cada instante presente como único. Logré ver la realidad más cruel y desesperante en distintos idiomas. Crecí al tiempo que sufría el dolor ajeno, que de un momento a otro era propio.

No espero nada de mis próximas aventuras. Me dejo y dejaré sorprender. Aprendí, asimismo, que cuando mis expectativas son pequeñas, mis experiencias terminan siendo doblemente gratificantes. De esa forma, entendí que cuando se habla desde el corazón, recibimos a cambio amor. Seguiré el mismo sendero, si bien frondoso, donde quizá me siga chocando contra paredes, porque sigo teniendo la seguridad, que es el único camino posible.

Y tal como dice una canción del grupo Estelares “Me queda pocas cosas, si las enumero, sabrás que serán demasiado pocas. ¡Demasiadas pocas cosas!”. ¡Feliz de que esa sea mi realidad!, porque ha sido una decisión consciente.

2 thoughts on “PRÓXIMA ESTACIÓN: LESBOS

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