DE BANJA LUKA (Rep. Serbska) a Novi Sad (Serbia)

La aventuras en autostop se cuentan por millones, pero cada nueva salida a la ruta, es un hermoso interrogante. Muchos miedos desaparecen, y por instantes puedo sentirme pleno. Libertad por todos mis poros. Nada puede hacerme más libre. Estoy convencido, si no hubiese sido por esta sana costumbre, probablemente tendría mayor oscuridad de la que poseo.

Momento de cruzar dos fronteras y pasar por tres países. La distancia es más de 320 kilómetros, y a pesar de mi enorme experiencia, mis temores se cuentan por docenas. Miedos no a lo desconocido, sino a tener que esperar por una eternidad, y no poder conectar trayecto directo. En cuanto a otros temores, ya hace tiempo los he desterrado. Quiero desmitificar que hacer dedo sea peligroso. El único peligro, tal como cuando se visita Colombia, es que no quieras dejar de hacerlo.

Muchas historias se tejen en la ruta y es momento perfecto para decir AHORA.

¡Acompáñame en esta nueva aventura!


De Banja Luka a Novi Sad: sonrisas de amor

Del falso peaje a la verdadera frontera

El falso peaje anuncia el comienzo de una jornada incógnita. Entretanto el cielo ha dejado de lamentarse y por vez primera en tres días, el cielo me permite gozar de un poco de sol. Los autos, contrario a lo que podía esperar, ni siquiera se frenan. Rompen la velocidad del sonido. ¿Cómo es posible que levanten tanto vuelo?

Algún que otro desconocido me observa, entre camiones que esperan ser cargados. Parecería ser que es una empresa de encomiendas. Lo desconozco, y probablemente no devele el misterio. El primer auto que gira en U, pretende llevarme al cruce de fronteras. En tanto que la imagen de dos colegas autostoperos aparece en mi mente, para decirme que probablemente sea un taxista encubierto. Indico que no, ante la duda, con el único dedo libre.

Tenía pensado desde la mañana que no aceptaría ningún aventón que no fuese directo a Novi Sad o en su defecto Belgrado. Producto de la impaciencia o de la suerte de no comprender el idioma, acepto a Zladan que indica puede llevarme a Gradisca (Gradishka). Antes de subirme al auto, por errores del pasado, interrogo donde puede dejarme. No entiendo demasiado, pero abordo el automóvil y se termina el enigma.

Cuando atravesar toda Croacia no es un dolor de cabeza autostop

El recorrido se hace extenso porque vamos atravesando pueblos. Sin embargo en cuanto mis deseos de una siesta segura se hacen presentes, hemos llegado al cruce fronterizo. El sello de pasaportes anuncia que he dejado atrás la República Serbska y es tiempo de ingresar en Croacia. Cruzado el puente, revisan mi pasaporte, y pocos metros más adelante, el pulgar en alto, anuncia que juego en grandes ligas.

Delante mío un urso me genera cierta incomodidad. Va a algún pueblo cercano, pero me estorba las tratativas. Sonrío con una profundidad coercitiva. Sé que de esa manera invito a la suerte. Pocos minutos pasan y un auto de patente austríaca se frena: ¡va directo a Novi Sad! En un marcado alemán vienés, indica que tengo mucha suerte.

Un intenso olor alemán, entre el balbuceo profundo

Ahora, sin proponérmelo, comienzo a sufrir balbuceando un idioma que tan solo comprendo. Franz indaga con gran curiosidad, como teniendo ciudadanía austríaca, no hablo alemán. Respondo con una anécdota en el norte de Italia, donde en el control aeroportuario, se molestaban porque no respondía en alemán sino en italiano a las consultas. ¡Pero deberían estar agradecidos que lo hago en la lengua local, y no en español o inglés!

Entre ciento sesenta y ciento ochenta kilómetros por hora, en un Mercedes que tiene más de quince años, vamos camino a batir un record. Como en las últimas cinco oportunidades que he hecho autostop en los Balcanes, voy a conseguir un suceso rotundo. Puedo cerrar los ojos tranquilo, casi sin despeinarme, voy camino a mi próximo destino, agradeciendo mi suerte, y a pesar de que el cansancio se siente, la satisfacción es indescriptible.

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