RUMANIA: el paraiso autostop

Bucarest: mi lugar actual

Cuando me quise dar cuenta ya estaba en Bucarest. Se acercaba el final del sueño rumano, pero en breve comenzaría el búlgaro. Tan simple como cambiar idiomas y paisajes 90 kilómetros más al sur. Tendría por delante el último autoestop y podría decirme que había hecho todo el recorrido en Rumania a partir de carteles que pueblo a pueblo cambiaban de nombre pero conservaban la única ilusión: ser trasladado por la mera solidaridad del camino.

Despedirme de Florián y caminar cinco metros para ingresar a la estación de Metro. Entre confusión y malentendido 5 Lei de por medio estaría viajando con el Metro 1 y 2 para descubrir la capital rumana, a modo de despedida (un día y medio más tarde Petre me haría dar cuenta que el billete incluía el pasaje de ida y vuelta, y no tan solo el de ida). Larga caminata hacia ningún sitio y la desesperación de no encontrar ningún baño en kilómetros a la redonda. Imposible continuar el paso sin ser por apenas minutos, que se sentían como horas, un perro más abandonado entre la tristeza del olvido, levantando una pata y deshaciéndome de la presión interior.

Timisoara: primeros pasos rumanos

Era así que de pronto me retrotraía en el tiempo y llegaba a Timisoara una cálida mañana, y en el preciso instante que intentaba interactuar con la gente, dos grandes sorpresas: una señora que hablaba algo de italiano me conducía a la boletería a comprar el billete de autobús urbano para llegar al centro y un joven que había dejado a su novia en el aeropuerto se ofrecía desinteresadamente a acompañarme e indicarme a donde debía dirigirme una vez que descendiera del bus. Comienzo perfecto. La latinidad más viva que nunca.

Horas más tarde, aunque puede fuese durante el siguiente día, la posibilidad de concurrir al Festival anual en la ciudad: series de workshop entre las que se incluían tecnología y destreza física. Para coronar una tarde deliciosa que horas más tarde sería noche: tres recitales de música que vendrían de yapa. ¿Podía tener tanta fortuna? La tercer banda “Oi va boi”, de Inglaterra, terminaría por ser un gran hallazgo, y la joven violinista, no solo por su belleza, pero también por su habilidad indescriptible para danzar y tocar el violín al mismo tiempo se ganaría todos los aplausos. Sí, no había dudas que la improvisación del intenso presente había dado una respuesta certera a todas mis dudas aparentes. Tiempo de disfrutar y olvidarse del sinfín de preguntas que podían acosarme.

Edificios y arquitectura imponente que desafiaba a partir de sus colores, cuando días más tarde me encontraría en la ruta, para dar comienzo a la aventura autoestop a lo largo de Rumania, desde Timisoara a Deva. No imaginaría que pudiera ser tan sencilla y gratificante al mismo tiempo. Solo a través del colectivo mochilero algunas frases previas que podrían darme confianza. Luego sería el tiempo de descubrir la teoría desde la realidad y dejar atrás mitos urbanos.

Primera experiencia autoestop y más

No importaba si el cartel estaba torcido o el pantalón y la camiseta desalineados. A veces incluso encontrarse próximo a la ciudad o en una vía donde los automóviles transitaban a gran velocidad. Tampoco estaba en los planes el pagar por trayectos (práctica totalmente difundida en Rumania y de la que no he sido víctima ni he accedido), pero en cambio dejar librado al azar los sentimientos más puros de altruismo y transformar pequeñas historias en monumentales obras de arte.

Presentar el factor común de combies o camiones pequeños que desnudarían mis sueños y los transformarían en una alegría inmensa solo dominada por la duda previa, antes de abordar un nuevo destino. Compañeros de ruta que kilómetro a kilómetro, reafirmarían la convicción de que no solo un mundo mejor es posible, sino más aun, la gente de noble corazón que es mucho mayor de aquella de horribles sentimientos y odio desmedido.

AGRADECIMIENTO ESPECIAL:

No queda más que agradecer a los anónimos, que a partir de sus historias y charlas, a pesar de la barrera idiomática, me permitieron conocer aún más de la sociedad rumana. Introducirme en nobles corazones y un sin número de realidades profundas que me han enriquecido como persona. Ahí están Radu con sus siete idiomas a cuesta y su amor por el idioma hebreo. Mihai con cierta timidez de comienzo para luego devorar con locura todas mis galletas y chocolates y en una sonrisa sincera ofrecerme algunos de mis víveres que pasaban a ser parte de su patrimonio. Livio que en un breve trayecto y sin poder entender mi idioma tuvo la gentileza del servicio. Basil con quien en un largo recorrido a través de los gestos logramos comprendernos y tener una excelente despedida a minutos del conde Drácula. Florian con su constante interés por conocer más sobre Argentina: cultura, música, forma de vida, etc. Y con ellos otros tantos anónimos que se cuentan por decenas, y permitieron que casi 800 kilómetros de ruta fueran conquistadas, y que seguramente en dos días me harán posible derribar otros 90, para poder decir definitivamente Arrivedere y escribir páginas de una nueva historia, pero en Bulgaria.

NOTA:

775 kilómetros transcurridos en autoestop y aún 90 más restan de Bucarest a Ruse, Bulgaria. Finalmente se cerrará un capítulo con el deseo de abrir muchísimos más.

Cuando llegue a Ruse habré recorrido unos 13.426 kilómetros durante el presente viaje (no se incluyen los paseos dentro de la ciudad tanto a pie como en algún bus urbano, traslados o recorridos entre ciudades, ni ninguna caminata o actividad de montañismo).

EN BREVE RECOMENDACIONES DE AUTOESTOP EN RUMANIA PARA QUE ESTES AUN MEJOR PREPARADO PARA TU VIAJE.

 

4 thoughts on “Rumania: paraíso autostop

  1. No puedo ni imaginarme que recorriste ya mas de 10000 Km. un número mi querido Martu. Experiencias tras experiencias enriquecedoras, que bárbaro. Seguilo disfrutando y contándonos mas aventuras. Hermoso eres incansable y genial. Te amamos un montón

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