Relatos Descoloridos de Alcoba

otra vez se instala entre nosotros, con entregas mensuales o cada tres semanas, para contar más historias del emblemático abuelito. No me digan no tiene una forma hilarante de ver la realidad cotidiana. Ahora aumentan los impuestos, el derroche de dinero y un buen asado al compás del tenis

¡QUE NADIE NOS QUITE LO BAILADO!

Aumentaron el monto de la renta municipal. No es novedad que por estos pagos, nadie se defiende. Hacen lo que se les canta, y nadie reacciona. A veces parecería que tenemos realmente lo que nos merecemos. No somos buenos ciudadanos. Mis nietos (en realidad dos de ellos), como es de esperar, me critican. Su juicio radica en que yo defiendo las políticas del actual alcalde. Me tildan de “fascista”. ¿Es que estos mocosos no entienden nada de la vida? ¿Saben a qué males le hice frente cuando tenía su edad? Ay, que tristeza. Ya no respetan a los que peinan canas. Menos mal Anelise no está entre nosotros. Si la pobre resucitase, pide que la entierren viva. Manteníamos los valores en alto. Enarbolábamos las banderas sociales. Luchamos hasta desangrarnos, por dejar un mundo mejor a las generaciones venideras. Últimamente, me cuesta explicarles a los jóvenes, acontecimientos de los que formamos parte, hace al menos 60 años. Igualmente, les digo, que yo no pierdo las esperanzas. Soy optimista por naturaleza. A veces por necesidad. La vida es del color con que la miramos. Es una verdad de perogrullo. Para mi es rosa. No cualquier rosado. Uno muy intenso. Por momentos, puede tornarse rojo. Tendrá que ver con la sangre derramada, tantas veces en vano. Al ver lo que sucede en gran parte del mundo, especialmente en medio oriente, sufro tanta locura. Lapidaciones, secuestros, bombardeos, pobreza, marginación, odios. La lista es tan extensa, que podría generar un océano de lágrimas, al reproducirla.

Incremento del 270%. Así no vamos a llegar muy lejos. Afortunadamente, yo puedo hacer frente a esos gastos. ¿Pero qué hay de la mayor parte de mis conciudadanos? Esos que no llegan a fin de mes. Cuantos que alquilan. Aquellos que han pedido préstamos, para comprar un terreno, y se encuentran agarrados de pies y manos. Lamento el estado en que estamos dejando el mundo. Mi chica, mientras tanto, sigue tirando la plata. Comprar cosas que jamás va a usar, es su deporte favorito. De hecho, el único que practica, con su avanzada edad. El fin de semana pasado, volví a las canchas. Tres semanas seguidas de pura lluvia. En total fue casi un mes. Pensé no iba a poder mover las piernas. En estas primaveras, todo se hace cuesta arriba. Ustedes entenderán, se nos atrofian los músculos. Ni me recuerden lo que dice el mayor de mis nietos. ¡Irreverente! Sucede no le dieron un tortazo, bien dado, cuando estaban a tiempo. Ahora es el rey de la familia. Parecemos los Corleone. Agradezco que no hay armas de por medio. Veo los cargamentos que le manda Rusia a Irán y me horrorizo. Pasa lo mismo con los gringos y británicos. Armamento, droga, corrupción. Coctel explosivo, si los hay. Me despache con tres sets el sábado. Cuatro el domingo (tres en la mañana y uno en la tarde). El sábado fue soñado. Tres victorias al hilo. Los dos primeros con misma pareja. El tercero, con un rengo. Menos mal que tengo la cancha dibujada. Nadie puede con mi slice. En cuanto al domingo, anduve con el pie izquierdo. Dos derrotas a la mañana y Una a la tarde. Igual fueron ajustadas (6-7, 4-6 y 5-7). Dos o tres puntos, decisivos, que no estuvieron de nuestro lado.

No sé si creo en Dioses o brujas. Dicen que las hay. Seis veces el domingo, la bola toco la red y titubeo, antes de darnos punto en contra. No los engaño, si les digo que me dio que pensar. Para relajarme al mediodía, me desquite con el asado. Había ensaladas varias. Muchas tenían lechuga y otros verdes. Ya me conocen. Los esquivé con galantería. Ahora la papa asada con manteca y la costillita, no se me escaparon. El vacío, ni les cuento lo que estaba. El pollo bien tostado como me gusta. Ahí tengo que aplaudir a mi yerno. Seguro, se olvida que a mí me gusta de esa forma. Si lo recordase, comienza a servirlo semi crudo. En el aplauso final para los asadores, casi me prendo fuego las manos. Me emocioné ante tantas delicias. Agradecí también a mi dentista. Gracias a esa dulce niña, pude disfrutar de las maravillas que nos da esta tierra. Para mí, los domingos en el club, son el mejor regalo. En familia. Buenos amigos. Asado con todos los lujos. ¿Qué más se le puede pedir a la vida? Cielo celeste todos los fines de semana. No me vengan con pronósticos grises, que los mato. Estoy cruzando los dedos, para que los venideros, el tata me acompañe. Además, vi que mis hijos se llevaron tupper con sobras. Eso es un adelanto, que la semana va ser muy buena. Otra vez carne (ya sea servida fría en sanguches o acompañadas de papas doraditas). Gracias a la vida, que me da en cuantía. Esta semana, además, es la final de la champions lig. Un motivo más para sonreír, y seguir viviendo en plenitud.

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