Relatos Descoloridos de Alcoba

vuelve después de muchos meses para contar más historias del emblemático abuelito. No me digan no tiene una forma hilarante de ver la realidad cotidiana. En esta oportunidad la lluvia lo domina y comienza sus cursos sobre budismo, que le cambian la forma de pensar la realidad.

¡QUE NADIE NOS QUITE LO BAILADO!

No es novedad que los fines de semana llueva. Es el tercero al hilo. Si existe alguien arriba, no escucha mis plegarias. Uno más de lluvias y les juro no más preces en mi vida (igual no es que me quede mucho). Se de alguien que se va a alegrar cuantiosamente. Mi chica, saltará en una pata. Estoy convencido, sus ruegos se hacen órdenes. Tendrá mejor karma. No me piensen loco. Sucede, como cada vez es más difícil juntar cuatro para el bridge, comencé cursos varios. Encontré una asociación cerca de casa (a mi viajar muy lejos no me sienta bien). Allí se puede escoger desde crochet hasta filosofía budista. Lo mejor, son gratuitos, para los de la tercera edad. Aprendo asuntos de lo más variados. Estoy muy entusiasmado. Dicen que voy a poder desarrollar mi ilimitado potencial. De ahora en más, conseguiré valorar al máximo mi propia vida, y la de los que me rodean. Me complace ver, que posiblemente, comience a tener mejor conexión con mi familia. Voy a transformar temores propios y ajenos, en plenitud de coraje. ¡Ya verán! Desde que empezamos, hace unas tres semanas, siento mayor sabiduría en todo mi ser. Además me encanta saber que habrá vida después de mí óbito. Como no me falta demasiado, a partir de mis nuevas inquietudes intelectuales, sé que me estoy preparando para mi próxima vida. Eso, no les miento, me reconforta un poco. Entre tanta confusión, veo algo de luz. La vida y la muerte, son un todo único e inescindible. Parezco profesor de filosofía. Que digo profesor. Doctor en filosofía. Ahora sé que la muerte es un espejo. En él, se refleja todo el sentido de la vida.

Siento un escalofrío en todo mi cuerpo. Se me puso la piel de gallina. Desde que me encomendé al buda, el club de mis amores, está ganando partido tras partido. Mis nietos me escuchan departir con algo de temor. Uno de ellos, inocentemente, me preguntó si había comenzado a fumar marihuana. Lo que es peor, sé que me interrogaba, porque quería que humeáramos al unísono. No les miento, parece que estoy con la mente más abierta. Dicho acontecimiento, me dio sensación de cercanía. Supuse que si fumásemos juntos, podríamos relacionarnos mejor. Como se corrió la bola, de que ahora consumo marihuana, el mayor me estuvo merodeando. Luego de unos días, se animó a proponerme, que puede conseguirme de buena calidad y con descuento especial, por parentesco. ¿Me pueden creer capaz de ellos, a estas alturas de mi vida? Hay mayor probabilidad que me tire en parapente. Hablando con mi profe de filosofía budista, llegué a la conclusión, es mejor seguirles la corriente. Ahora me ven como súper abuelo. El menor me preguntó si actualmente sostengo que la lectura es mala influencia. A mi chiquito, no podía dañarlo. Claramente lo incité a seguir el camino de la luz. Le propuse que viniera a la próxima clase de budismo. Pienso con él, será con el único que pueda deliberar y razonar sobre el tema. No me queda gente con quien dialogar. Parece las nuevas generaciones ganan en facilidades tecnológicas, pero pierden en materia gris. No es que sea injusto, pero no encuentro con quien hablar de igual a igual. Sumado que los fines de semana, pasan por agua. Ni hablar que ya no jugamos cartas con los muchachos (voy a decir muchacho, porque factiblemente, quede solamente uno).

Inicio con el pie izquierdo. Me preparo para siestas interminablemente prolongadas. Mucha música clásica. Comida china del delivery (porciones grandes, que nos alcanzan para dos veces). Películas de hace cinco o seis décadas. Al menos esta vez, no voy a necesitar pasarme poniéndole hielo a mi señora. Viene con un invicto de cinco semanas, sin torceduras, esguinces, ni fisuras. No dudo tiene inmediata correlación con mi ingreso al budismo. Mis hijos, fiel a su estilo, dicen que me convertí en un fanático. ¿Cuándo van a decir que algo de lo que hago en mi vida es bueno? De ahora en más, cada vez que escuche blasfemias, respiraré bien hondo. Mi profe dice que es una gran arma, para tanto odio contemporáneo. Mi amiga, piensa que es otro de mis atisbos esquizofrénicos. Un paso más cerca de la insania. Parece le molesta más cuando pongo programas relacionados con filosofía tibetana, que fútbol. ¿Quién entiende a las mujeres? Yo tengo post doctorado con ellas, y así y todo, sigo trazando hipótesis sin corroboración empírica. Sigo viendo noticias espantosas. Destruyen estatuas de Buda en Afganistán y alrededores. Pido una vez en la vida, que no profanen el nombre de seres divinos. No hay derecho. Ella me solicita que no idolatre. No entiende que estoy encarando un camino, que tiene como meta, la iluminación. Mi personalidad, no necesita agarrarse de divinidades. Aquellos que esbozan numerosas críticas, sobre mí, son los mismos que no pueden navegar, sin la existencia de un ser superior, que los guie. Al final del túnel, seguramente me vayan a llamar loco. Para cuando ello suceda, quien dice, finalmente, haya comenzado a fumar hierba.

4 thoughts on “Relatos Descoloridos de Alcoba XII

  1. Excelente, tus relatos de alcoba para mi son lo máximo, ya los estaba extrañando. Seguí con ellos. Son imperdibles

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