Relatos Descoloridos de Alcoba

otra vez se instala entre nosotros, con entregas mensuales o cada tres semanas, para contar más historias del emblemático abuelito. La gripe ha vuelto o tal vez un resfriado. Sin embargo el abuelo hace de las suyas para jugar al bridge. Aumenta por enésima vez el precio de las cartas y las quejas no son menores. Y para coronar el coctel de noticias, el supermercado lo tiene como un fénomeno. Ahora si, la rutina, aunque parezca mentira, lo mantiene vivo.

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Después de reactivar mi agenda, caí en una gripe aún más fuerte. Les dije que mi hija iba a culparme de mi recaída. Dice que soy como un niño. Que no me preocupo por mi salud. Ahora reitera que ella me tiene que aguantar. Me pide sea más responsable. Para mi niña, nada de lo que haga, es suficiente. Tampoco es que haya salido demasiado. Un partido de bridge de la desesperación (la verdad no fue para nada agradable). Como ya no tengo con quien jugar, hice un rejunte indeseable. Tres contrincantes que a duras penas conocen las reglas. Luego de la partida, me pregunté si vale la pena llenar los blancos, con actividades tan poco gratificantes. Sucede que para mí jugar al bridge es un placer indescriptible. Recuerdo cuando competía con los grandes players. Esos si eran tiempos memorables. Tardes enteras, retándonos los unos a los otros. La verdad que disfrutaba mucho esos períodos, de pugnas interminables. Ahora se hace complicado juntar cuatro. Cuando llegamos a ten preciado número, siempre hay alguno de los jugadores, que no tiene un nivel mínimo para hacer de la gesta, un momento ameno. De todos modos, no les miento que a mí me hace falta jugar, sin importar el precio. Eso me recuerda que aumentaron las cartas simples y certificadas. Cada mes el costo es mayor. Debo ser de los pocos mortales que aún usa esa vía. Mis hijos, como es de saber, critican mi arcaísmo. De más está agregar, todo lo que diga o haga, para ellos es anticuado. No dudo, estoy pasado de moda.

El supermercado fue una labor más enriquecedora. Me divierto entre duraznos y bananas. Palpar la fruta. Olerla. Observar si no tiene ningún machucón. Como antes de la muerte de Anelise, jamás había hecho compras, en un comienzo fue un gran desafío. Hoy en día, ya no es una hazaña. Igualmente, es todo un acontecimiento. A pesar de que mi hija me cocina (nada muy exótico que digamos), yo voy personalmente a escoger algunos artículos, de consumo diario. Parecería ser que yo me encargo de comprarlos y ella de echarlos a perder. Somos un buen equipo. No los engaño, a mi edad, mucha gente se extraña al observarme, durante mis compras supermercadiles. Sobre todo cuando me ven estudiando las cualidades de un durazno. Me detengo con enorme precisión a observar las ventajas de uno y otro. Los olfateo. Lo mejor de todo, es que ya soy conocido en la tienda. Me saludan hasta por el nombre. ¿A cuanta gente le pasa eso, en una ciudad cosmopolita? No crean soy un ególatra. Es una razón más, para sentirme orgulloso de mi mismo. Para mí la economía doméstica, no es una cuestión menor. Es una tendencia inevitable, cuyo origen se remonta a mi infancia, y no ha sido superada al entrar en canas. Esto les da cuenta, que soy bastante ahorrativo, al momento de mis elecciones, haciendo mercado. Sin importar que o cuanto compre, mi hija va a decir que todo es de mala calidad. No se da cuanta cuanto hiere mi ego.

No soy el único de mis amigos, que tiene pasión por el billete. Unos cuantos tienen o tenían mucho más resguardo que yo. Incluso muchos ricachones, eran igual o más ahorradores que yo. Están de los que, incluso, reciclan todo lo descartable. Uno de ellos, lo hacía con los pañuelos. En mi caso, aún conservo los de tela. Me dan una sensación de cercanía. Tal vez haya una relación íntima con mis mocos. Es cuestión de sacar el máximo provecho a las cosas. Nosotros venimos de generaciones que pasaron hambre. No podemos malgastar, como están acostumbrados mis nietos. Ellos desperdician por deporte. Pero son buenos chicos. A Jorge le obsequié una camiseta de atletismo y unas antiparras nuevas. La excusa su primer puesto en 4×400. Si no hago esa aclaración, mis otros nietos se ponen celosos. Es una buena forma de promoverlos a hacer deporte. No quiero que pasen horas y horas frente a una pantalla. Arruinan lo más preciado: su hermosa juventud. El verano viene con chicas más bonitas. Suelto de ropa, el sexo opuesto, es aún más bello. Hay arte en todo ello. A veces me cuesta creer como las mujeres pueden tener tanta preciosidad. En ellas encontramos “fi” (φ) por doquier. Gracias a la filosofía griega, los hombres, somos aún más felices. Mi nieto Joaquín salió al abuelo. Es un galán con las chicas. También un conquistador sin igual. Tiene mucho tacto y galantería. No sé cuál es su estrategia. Sin dudas el más hacendoso en ese rubro, de toda la familia. Como me veo reflejado en él, le festejo sus triunfos románticos. Sin indiferencia, me responde que aún está para divertirse. Eso me recuerda, ya se me hizo tardísimo. Voy a tener que salir corriendo a la panadería, para comprar algunas delicias, para la partida de bridge de esta tarde. Como es costumbre, a nuestra edad, todo será bajas calorías.

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