Relatos descoloridos de alcoba

nos trae una nueva aventura. Intimaciones erradas de por medio y fracaso del sistema buroctático a la orden del día. Nuestro abuelo va necesitar un rápido salvavidas. Una nueva zaga del entrañable abuelo que ha sabido cautivar nuestros corazones….

En general no tengo con quien hacer catarsis. Mis hijos no me escuchan porque soy viejo y no tiene tiempo para modelos en desuso. Mis nietos con nuevas tecnologías. Mis yernos: ¿mis yernos? En fin, me voy a poner un libro de quejas. Ese sería un negocio ideal en estos días. Todas mis urgencias, necesitan resolverse por teléfono. Yo soy de otra generación. Para mí no hay como la pluma. Hace dos o tres días, tuve que hacer un reclamo telefónico al gobierno municipal. Me intimaban a un pago ya realizado. Me comuniqué telefónicamente, unas diez a doce veces. Primero un contestador con promesas de comunicación. Quince minutos repitiéndome la misma información. Corté en cuatro o cinco oportunidades. Llamé a otros números. Siguieron sin responder. Una y otra vez grabadoras infernales o musiquita de tono de espera. Un bochorno. Cuando por fin me atendieron, no se dignaron a resolverme el problema. En realidad me tuvieron otros cuarenta o cincuenta minutos de una oficina a otra. Hablé con medio gobierno. Menos con el alcalde y sus asesores, creo que con todos. Ante tamaña desilusión, prometí dejarlo para otro día. De más está decir, mi hija me sermoneó de lo lindo. Como es de saber: soy un inútil. Ese latiguillo, es casi tan inoportunamente desagradable, como el tono de espera del gobierno municipal. Al día siguiente, tuve la intención de salir de la lista de inutilería. Nuevamente me saqué el premio mayor. Parece voy a tener que apersonarme. Con lo mucho que me gustan las colas y la espera. Nadie se digna a resolver mis cantares. Parece que las nuevas tecnologías desrevolucionan nuestras vidas.

Esta mañana, antes de las 5:35, escuchaba radio. Noticias de primer mundo. Los terroristas islámicos controlan medio planeta. Aquí entierran vivos a los secuestrados. Mi cuadro de los amores, ha sido nuevamente derrotado. Violaron a una niña de quince años. Ante terrible acontecimiento, prendieron fuego al agresor (su tío). La rebelión de la técnica. El siglo del desarrollo tecnológico sin igual. Dios me libre y me guarde. Para mis ojos, es la centuria de la desconexión sideral. Imposible concebir una comunicación cara a cara. Si no es por Handy o computador, no hay correspondencia alguna. Debido a mis argumentos, me tildan de loco o anticuado. Les duele el realismo decimonónico. No están preparados para la verdad más siniestra. Esa misma evidencia, que me demuestra que sigo olvidando objetos. Ayer en la mañana, me entero que perdí mi cartera de mano, en el club social que frecuento. De lo más extraño. No suelo llevarla a ese lugar. ¿Cómo pudo pasar? No piensen tiro solo pálidas. Son hechos. De los más sinceros y auténticos. Le pido a mi nieto no me llame por fono. No oigo bien. Él se pone nervioso. Alza la voz. Cree que así voy a oírlo mejor. Consigue ponerme intranquilo a mí también. Sé que no tiene tiempo de visitarme. Prefiero la incomunicación. Telefónicamente es lo mismo. Parece descompuesto. Ninguno de los dos entiende al otro. De todos modos lo voy a seguir queriendo. Y lo más importante (para él), la herencia le va a seguir concerniendo. Que no se asuste. Igual, no me quejaría, si me viene a ver más de una vez por mes. A esta edad ya no muerdo. Eso que tengo dentadura cero kilometro.

Por suerte, el menor, me comprende. Creo tiene una sensibilidad especial. Nacimos el uno para el otro. Me siento algo “cursi”, al decirlo. Lo más importante que nos queremos tal como somos. Humanos con buenas intenciones. Además que parece escucharme. Hago una catarsis horrenda, y él, sigue oyéndome. Tal vez es sordo como el abuelo. No sería una posibilidad muy extraña. Sucede hay cosas no puedo ocultar. Para mi tragarme lo que siento, no es un camino posible. Menos que menos, con la única persona que me presta sus oídos. Piensa que soy su súper héroe. Me anima. El 99% de los que me rodean, me desalientan o critican. Dicen que tengo locura crónica. Para mi Benja, soy un talento. Siempre me provee de palabras de alegría. Mientras tanto, las cartas que envié hace un mes, no llegaron a destino. Pagué un dineral. Si las mandan de allí para aquí, abonan la tercera parte. Como ven, las cosas van de mal en peor. Dispenso un dineral, por un servicio que no recibo. El siglo XXI, es la era del conformismo. Tenemos que resignarnos ante todo. En mi caso, no pierdo las esperanzas. Francamente no entiendo, porque debemos cruzarnos de brazos. Mis nietos, me dicen que puedo resolver mis problemas, por ese eme ese. Quedé con la mandíbula caída. Me desconcertaron. Parece que ha habido una mutación fenomenal en los últimos años. Como era de suponer, yo ni enterado. Por lo que logré inferir, había una oficina nueva que desconocía. No me tuvieron la paciencia suficiente, de explicar, cual es la dirección de ese eme ese. Todo avizora, tendré que consultar en la guía telefónica.

9 thoughts on “Relatos descoloridos de alcoba IX

  1. Me alegra encontrarte, ahora te sigo…Nace gran admiración por ti, por tu trabajo y por tu relación con tu nieto. Yo tengo una nieta de 2 años y espero …ya sabes que espero!

    1. Buenas Lola: que mensaje más hermoso nos has dejado. Una alegría poder leerte. Apostamos y deseamos de corazón que la relación con tu pequeña nietita sea tan excelente como la nuestra. No nos cabe dudas desde este espacio serán muchos abuel@s y niet@s que se insiprarán. Un cariño 😉

  2. Me puse muy triste al leer esta historia de alcoba, me siento sumamente identificada, se que actúo de la manera que describes y no deseo hacerlo. Igualmente me sirve para aprender y tratar de mejorar actitudes.

Coméntanos...