Desciendo del tren. Camino sintiendo cada paso. Observo las puertas de entrada al Aeropuerto. Respiro hondo. Un escalofrío recorre mi cuerpo. Falta poco más de una hora para que el avión AZ 70 de Al Italia, aterrice en El Prat de Barcelona. Siento una gran emoción. La misma que percibo al tiempo que escribo estas líneas. El sueño de meses, tal vez años, está pronto a materializarse. Surge humedad en mis mejillas. Noto que la gran emoción, está generando cambios químicos totalmente inconscientes.

Cuando me doy cuenta, estoy frente a la pantalla que anuncia el arribo de los vuelos. Terminal 1 del Aeropuerto. Al menos 30 minutos nos separan de ese gran abrazo. Vuelvo a percatarme que mis mejillas están mojadas. Camino en círculos, incesantemente. Observo la pantalla nuevamente, en el momento preciso que aterriza el avión. Me dirijo a la zona de arribos, con un gran nerviosismo. Luego de 14 meses que han sido muy intensos, volveré a poder abrazar y besar a mi opi. No tengo palabras para describir esa hermosa sensación.

La espera se hace eterna. A mi lado una señora es testigo de mi intenso nerviosismo. La media hora se ha convertido en una hora y opi aún no aparece. Le indiqué que se haga trasladar por una silla de ruedas, para estar más cómodo. Cada vez que llega una, pienso pueda ser él. En el momento menos esperado, de costado, aparece el opi caminando junto a una señorita de chaleco amarillo, que le traslada el equipaje. Al final el súper abuelo, no ha podido con su orgullo, y ha venido caminando.

El abrazo que fue

Indescriptible emoción, que se traduce en un abrazo eterno. Nuevamente somos uno, fundiéndonos en un apretón de cuerpos que por más de un mes, no se separarán ni un segundo. Poder volver a sentir sus caricias, sus besos, sus miradas, es el regalo más hermoso que puede darme la vida. Instante tan esperado, que se vuelve mágico, con tan solo percibir su existencia. Entiendo, nuevamente, porqué lo amo tanto. Este reencuentro, me marca a fuego. No dudo, se transforma en el pasaje más feliz de mi vida.

Caminamos a la par. Poco a poco, empezamos a percibir lo maravillosa que será nuestra aventura. Ya reflejamos el desafiante e inolvidable camino que trazaremos. Vamos de la mano. Poder sentir sus ásperas manos, se sienten como suaves obsequios de excelencia. Nuestro primer día, paso a paso, supone un día de mucho amor y emoción. Estar abrazados. Caricia a caricia, volver a descubrirnos. Conversar intensamente. Recuperar el tiempo que nos distanció. Ver que seguimos siendo mejores amigos. Tan solo una mirada, lo dice todo. No necesitamos más. Fundirnos en un abrazo, que culmina en tenues caricias, de profunda felicidad.

 

 

 

One thought on “Reencuentro que vuelve realidad un sueño

Coméntanos...