Palabras que peinan canas…

¿Quien no escucho alguna vez las siguientes palabras? Muchas de ella usadas por nuestros abuelos y abuelas, heredadas por nuestros padres y hoy en día casi en desuso. Oir por ejemplo que el vecino de enfrente era un fantoche ya sea por su forma de vestir o por lo excesivamente presumido. Ni que hablar del clásico patatús, cuando alguien sufría un desmayo o pasaba a mejor vida.

Palabras como pituco, al ir demasiado bien vestidos. Hermosa forma de alagarnos, incluso si estábamos arreglados o perfumados en exceso. Desmerecer a alguien con el clásico “cachivache“, que en su origen se refería a un objeto inútil. Lo habremos sentido desfilar en nuestras familias hasta el cansancio. Hoy en día un niño o adolescente si nos oyera creería venimos de Melmac.

No seas tarambana al haber hecho una macana. O para ser claros, nos pedían que no fuésemos insensatos y no hiciéramos pavadas. Otra hermosa forma de combinar arcaismos. Cuando no nos querían dar dinero porque decían que valía un potosí. O incluso para algo difícil de conseguir o alcanzar, escuchábamos decir que costaba un potosí llegar a tal o cual situación. La verdad la comida era un manjar, si algo nos resultaba realmente sabroso. Un verdadero elogio para quien hubiese preparado el banquete.

Haber sentido a lo lejos dos hombres comentar “¿Viste que hermosa la nueva secretaria? Ni que hablar de su sonrisa. Es un primor“. Con la última palabra quedar boquiabiertos intentando descifrar que habrán querido decir. Bocina de autos o música infernal de nuestros nietos daba a lugar al “podes terminar con ese bochince“. Incluso referirse a barullo empieza a caer en desuetudo.

Si eras muy despierto, de esos con hormigas en el traste, seguro eras un pizpireta.
Si eras muy listo, sin duda te catalogaban como avispado. Y si tu dormitorio era un desorden monumental te pedían que ordenases ese zafarrancho. Palabras que tomaron connotación positiva o negativa, tan solo con el uso, contraria a su etimología. Palabras más o palabras menos, que nos hablan de lo cambiante y dinámica que es una lengua.

No puedo despedirme sin la inolvidable frase de mi padre, ante el frio invernal que entraba por la venta. “Cerrá, nene, qué entra un tornillo“.

2 thoughts on “Palabras de abuelos

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