Un sin fin de anécdotas y aventuras recorren este hermoso viaje. No faltan las pequeñas chiquilinadas, que tanto enloquecerían a mi madre. A cada paso que damos, no puede sino hacer comentarios con un dejo de ironía, que solo los que tenemos buen sentido del humor, podemos comprender.

En esta ocasión nos dirigimos a nuestra visita al Convento de Melk (o Abadía de Melk como muchos también le llaman), en Austria, opi con su torpeza característica se baño en agua (por suerte esta vez no fue café) y trató de tapar la mancha. Lo más gracioso es que creía que su idea era muy ingeniosa y que pasaba totalmente desapercibida.

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