Difícil creer que nueve meses han pasado. Parece que apenas ayer comenzaba a andar, y de pronto entre miedos y dudas, seguir caminando. Desandar caminos que se hacían totalmente desconocidos, y por ello únicos. El mismo período que una madre transita antes de dar a luz, ya ha transcurrido. También con incomodidades y dolores, que son lógicos. A poco de comenzar, la desaparición física de mi Tia Amalia, con lo complejo que es hacer un duelo a la distancia. Imposible creerlo. Aún hoy me parece que ello no sucedió y me niego a entender como decidió partir tan pronto, si amaba la vida.

El video es tan solo una ínfima parte, que no puede ni siquiera reflejar lo que han sido más de 270 días imborrables. Reafirmo que uno jamás se arrepiente de lo que hace, sino de aquello que no se anima a emprender. Doy gracias a la vida de haber tenido (y seguir teniendo) la oportunidad de conocerme aún más, a través de un proyecto que creo hermoso y desafiante.

¡Que lo disfruten, tanto como yo lo he hecho, en estos nueve meses!


Aquí el video de lo que ayer fueron los nueve meses oficiales de aventura por los balcanes:

https://www.kizoa.es/Movie-Maker/d111643063k7554275o1/mis-nueve-meses


SOMERO RELATO DE MI PASO POR LOS BALCANES

Si con mis experiencias, que son propias, claro, alguien se anima a salir a la ruta, habré conquistado el mundo. Para quienes compartimos el amor por la ruta, saber que son cada día mas los que se animan a trascender y desafiar la rutina, es sin dudas reconfortante. Animarse a dejar los miedos atrás y conquistar pedazos de otredad,
que ya no dejarán que seamos los mismos.

¡Ahora sí, a descubrirnos!

En un comienzo la duda


“El mundo es como un libro, y los que no viajan, solo leen una página”.

Empezar despacio, como no queriéndose despeinar. Arrancar en segunda o tercera, sin siquiera pisar el acelerador. Era así que no sabía bien hacia donde iba. En un principio podían ser dos meses, solo sabía (o quería), recorrer lo más que pudiera de los Balcanes. Conocía poco (aún desconozco muchísimo) y por ello me parecía un desafío monumental.

Así, sin saber demasiado, empece un mes de viaje desde Bruselas, recorriendo por tierra Portugal, el norte de España, el sur de Francia y el norte de Italia; antes de desembarcar en Rumanía. Allí pude decir oficialmente que mi recorrida por los balcanes se hacía realidad, y un sueño poco a poco tomaba forma.

Destello de fantasía


“Busca y econtrarás, lo que no se busca permanece oculto” (Sófocles)

Entre el autostop que se hacía una vez más una adicción, recorrería rincones hermosos de Rumanía, antes de cruzar mi primera frontera, para dar paso a Bulgaria. Allí la sorpresa de que Cristian no solo me dejaría muy cerca del cruce fronterizo, sino que me daría 20 libras esterlinas, que aún conservo en mi billetera, como uno de los tantos pasajes hermosos de este viaje. ¡Reafirmar que la gente buena abunda!

En Bulgaria no dejaría de descubrir gente hermosa. Incluso en la ruta, el día de los Marín (dos hombres con el mismo nombre me levantaron, con su auto, en una jornada maratónica) y uno de ellos me ofreció quedarme en su casa, en caso se acercara la noche. El invierno se aproximaba y poco después de las cinco ya anochecía.

La ruta me enamora

“No hay nada como volver a un lugar que no ha cambiado, para darte cuenta de cuanto has cambiado tu” (Nelson Mandela)

Macedonia tendría un lugar especial en mi corazón. Desde el cruce fronterizo, junto a Boris y su señora, entendería que la solidaridad tiene la figura de un sol rojo y amarillo. Así conocería a Vlatko y su padre Branco, que desde el primer instante me trataría como un hijo. Entendía que el país podía ser pequeño, la gente pobre y los problemas enormes, pero eso no quitaba que las personas tuvieran un corazón inmenso.

Perdido entre frontera a mi vuelta a Macedonia, conocer a Stojancho y sentir que su familia por unos días se ampliaba. ¿Cómo explicar el calor de sus padres y abuelos, cuando las prosa no alcanza? Desde los interminables rakia y mastika, hasta la comida ecológica, que no faltaría ni un segundo. Ahi te das cuenta que no estas solo, y que siempre hay una mano dispuesta a ayudar.

Estar y permanecer

“Si algo bueno te pasa, viaja para celebrar. Si algo malo te pasa, viaja para olvidar. Si nada te pasa, viaja para que algo pase”.

En Albania y Kosovo descubriría que los miedos son infundados. La gente sufre la discriminación y el aislamiento, pero te reciben con los brazos abiertos. No faltan muestras de afecto y se entiende que el espíritu de los balcanes está más presente que nunca. No olvido que en un autostop en el sur de Albania, un conductor me dio dinero para que tomase una combie, y ante mi comentario “pero esto es más del doble”, aclarar que ahí estaba también al amuerzo.

Unidos y organizados por amor al prójimo

Mi llegada a Grecia no era casual. Carecía de fines turísticos, aunque recorrería algunos sitios. El propósito era poder servir en campamentos de refugiados. Continuar una vocación de servicio, que espero no perder jamás. Allí me encontraría seres hermosos y una experiencia enriquecedora.

No puedo más que agradecer y felicitar la tarea monumental que la organización cristiana REMAR realiza no solo en Grecia y Serbia, junto a refugiados, sino a través de más de 70 países en el mundo. Ejemplo de personas al servicio del señor, que trabajan de sol a sombra, para que los más necesitados puedan tener mayor dignidad.

Dos por cuatro en agradecimientos: Serbia, Bosnia Herzegovina, Montenegro y Croacia

“Hay tantas cosas para gozar, y nuestro paso por la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo” (Facundo Cabral).

Las dos primeras menciones son seguramente entre Serbia y Bosnia Herzegovina. Allí el autostop, con las dificultades en el primer país, fueron sin dudas memorables en el segundo. En ambos estados el calor de mis anfitriones y la amistad de personas anónimas no faltaría.

En Bosnia Herzegovina encontraría a mi espejo mochilero Alasdair y como en otros sitios, con anterioridad, conseguiría que un viajero de California (Alex) decidiera probar suerte haciendo autostop. Habiendo escuchado las maravillas de las que yo no podía mostrarme mezquino, me acompañaría en dos oportunidades. Despertar mentes y abrir caminos, es también un hermoso aprendizaje.

En Montenegro y Croacia desnudaría paisajes únicos y me perdería entre las entrañas del inconciente. Sería uno más, aunque perdido entre una naturaleza que me deslumbraría. Probablemente sea una razón más que importante para volver o al menos para no dejar uno de los capítulos más hermosos de mi vida, a medio camino.

Hermosos reencuentros

“Un viaje se mide en amigos, no en millas” (Tim Cahill)

Si algo agradezco a los viajes es contar con amigos a lo largo y ancho del globo. Descubrir que a pesar de las diferencias culturales o incluso del idioma, se puede encontrar personas únicas. No puedo ser más feliz de poder saber que allí donde voy, tengo alguien que me espera con un sonrisa de oreja a oreja y un abrazo cálido. Así fue que sin siquiera saberlo pude reencontrarme con personas queridas y sé que de ahora en más, esas son páginas de un libro, que más temprano que tarde, volveré a leer.

Y recuerda que todo gran camino comienza con una locura llamada DECISIÓN

 

2 thoughts on “Nueve meses en la ruta (video recordatorio)

  1. Martín, amigo, como todas tus creaciones, hiciste un video sensible, lleno de color, y vivencias que transmiten una paz y a la vez inquietud. Mucha accion, curiosidad, amistad y un perfecto diario de viaje. Un abrazo y que sigas disfrutando de este viaje social.

    1. Lili querida, leer tus palabras es un hermoso regalo. Siempre permaneces en mi corazón. Cada sitio que descubro, cada aroma que despierta mis sentidos, lugares que embellecen mis ojos, en ellos estas vos.

Coméntanos...