MACEDONIA BIS: un regalo perfecto para lo que está por venir

Regresar a Macedonia era algo que tenía pendiente. Habían pasado pocos meses desde mi primer viaje, pero sabía que había una conexión especial con su gente. Luego de un intenso trabajo en Grecia, y continuando con el viaje a través de los balcanes, era necesario decidir por cual país iba a llegar a Serbia. La decisión fue sencilla: Macedonia.

El autostop más simple de Europa o casi

No hay dudas que mi segunda oportunidad en este pequeño país de los Balcanes (aunque el doble de extenso que Montenegro), confirmaría que hacer autostop en más que una tarea fácil. Para mejor, esta vez lo máximo que esperé fueron cinco minutos. Con el agregado del record de veinte segundos esperando un aventón. ¡Increíble!
Como no podía tener más suerte los conductores, sin excepción, hablaban inglés. Un verdadero milagro por estas tierras. Y cuando esto no sucedió hice uso de mis pésimos conocimientos de alemán. Así improvise para comunicarme sin problemas con Orzko, que si bien oriundo de Macedonia, viviendo en Suiza hace diez años.

Aquí es siempre importante colocarse a la salida del pueblo o ciudad, pero incluso en sitios irrisorios pueden pararse. Saliendo de Strumica Bojan me había recomendado donde colocarme para ir camino a Gevgeljia: éxito asegurado en un solo auto. De Gevgeljia a Stip fue en dos tramos, porque la ruta no es muy transitada, sino hacia Veles. De todos modos, previo paso por Negotino llegaría antes de lo previsto a Stip. Y a Veles tardé solo veinte segundos, gracias Tony. ¿Qué más podía pedir?

Reencuentro con amigos

Una de las razones que regresaba, era también para volver a ver a amigos que mi paso por estas tierras había dejado. Si bien no podría reencontrarme con todos los que hubiese querido, tuve la oportunidad de verme con Bojan, Elena y Ace; con cada uno en diferentes ciudades a seguir: Strumica, Stip y Veles. Tiempo más que perfecto para reafirmar que la gente en Macedonia tiene un corazón especial.

En Strumica cocinamos pasta casera un día y al otro hamburguesas de lenteja con papas fritas. Pero lo importante, poder recorrer los destinos encontrados de una buena amistad. Nos perdimos en la montaña y conocí nuevos rincones perdidos de esta ciudad de casi 100 mil almas. Volví a entender que sin importar la edad, se puede tener madurez mental. También visité el barrio gitano y conocí al abuelo materino de Bojan, que me invitó mastika (tradicional licor macedonio, con alto contenido alcóholico) entre otros manjares.

En tanto en Stip pude descansar al tiempo que los padres de Elena me malcriaban. Ella se hizo tiempo entre su ocupada agenda como doctora y pudimos degustar algunas bebidas y dulces típicos. Conocí a un amigo de ella, Viktor, que hace tres años, como muchos macedonios, deciden dejar su país y probar mejor suerte fuera. En este caso Dinamarca. Tuve la oportunidad de ser atendido por un traumatólogo macedonio y llevarme la sorpresa que para recuperarme necesitaba seis medicinas. ¡No hay mal que por bien no venga! Los tres meses de trabajo con refugiados, en Grecia, habían hecho de las suyas.

Mi paso por Veles, esporádico pero excelente. Paseos por la ciudad y rincones del casco antiguo. Siempre bien atendido por Ace, mi buen amigo, y con la oportunidad de degustar buena comida en variados restaurantes. Encontré también a amigos suyos que había visto con anterioridad y recordé el encuentro de fanáticos de Liverpool meses atrás, donde me había hecho de una nueva camiseta. Conocí el estadio de un equipo de tercera, que gracias a inversiones extranjeras y de la UEFA, parece casi de primera. Esta vez no tomamos alcohol, pero comimos de lo lindo.

Conociendo nueva gente hermosa

Porque uno no deja de sorprenderse, algo accidentadamente llegue a Gevgeljia y conocí a la familia de Stojancho, que me trató como un miembro más. Dicho accidente fue motivo perfecto para regresar por dos días, promesa de por medio de ello, luego de mi visita en Strumica. Parecía estúpido volver sobre mis pasos, más sabiendo que complicaba mis posibilidades de autostop, peor valió con creces la pena.

El padre de mi nuevo amigo me invitó mastika y rakia, durante las horas más extrañas del día. La abuela me alimentó a destajo y yo dormí como un bebe. Hasta fui a una curandera, para ver si se me iban los dolores de cuello y brazo, que vienen de mi espalda. No se fueron, pero la experiencia fue interesante. Entre tanto me recordaron que todo lo que comíamos era ecológico y yo sonreí a destajo, hasta que vi un pobre conejo, yacer sobre la mesa, para nuestra cena con invitados.

Por supuesto que en la ruta también tuve la oportunidad de conocer gente interesante. Orzko, quien como decía vive en Suiza, me permitió conocer un poco más la realidad local. Iobo, junto a su esposa, me compartió sus vivencias en Australia y su arrepentida conciencia al haber regresado y conocido a su señora. Entretanto Zradan me mostró algunos rincones perdidos de la montaña, acompañados de la nieve, al tiempo que me dejaba en Stip, donde tiene una de las tantas tiendas de ropa y chucherías. Finalmente, como platillo de oro, conocer a Tony, que con su excelente inglés, había vivido en Rumania, donde se licenció en economía. Un verdadero ejemplo de bondad. Junto a mí, levantó a otros dos jóvenes, a quienes dejó a mitad de camino, en un pueblo, que seguramente, no aparece en el mapa.

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