La literatura no es estática. Mucho menos la literatura social. Ella debe asirse de hechos sociales que nos golpean, que movilizan los sentimientos más humanos. No puede nacer en el vacío. Es un grito desesperado de libertad, para esas almas oprimidas que no saben adonde van. Y así hechos aislados, unidos por la crítica, se convierten en una historia, que a través de los diferentes interpretes, se vuelven infinitas historias.

¡Los invito a un nuevo capítulo de literatura social, a partir de un relato breve!


LA DOBLE MORAL DE LAS SONRISAS

A partir de instantes de duda se aproximan miradas. Entretanto las seis pequeñas pelotas están listas para la acción. Cuando llegan en alto el calor seco en el comienzo de la primavera moderna invita a la duda. Mientras tanto, del otro lado del parque, los abuelos comentan sucesos en blanco y negro, ante un inmenso tablero de ajedrez. Con cierta proximidad a los ancianos, el niño que aún sonríe come algunas galletitas, al tiempo que su madre lo desafía a no conversar con desconocidos. Sin embargo, el joven de la dulce mirada, intenta que el niño forme para de la sesión de malabares. De fondo el sol no penetra, y detrás de las sombras, se esconden sonrisas. Así es que sin comprender sus razones, el policía desviste la injusticia, interrumpiendo el intenso bandoneón recorrido por manos que arañan los seis años. En la proximidad, el padre observa sin participar. Él es parte de la mayor estupidez social. Víctima, probablemente, de la desesperación. Otra infancia robada entre la miseria que se repite hasta el cansancio. A pasos de distancia, el río los separa. De una parte, las bolas en alto, esperando ser atajadas por blancas manos de ilusión. De la otra parte, el pequeño de pecas y cabello revoltoso, entrega una catarata de monedas a su padre que continúa bebiendo una tibia cerveza. Nuevamente, entre el calor que cesa, la imagen de los abuelos que se cuenta por docenas, pasa a primer plano. Ellos desconocen el destino prematuro de niños que tan sólo comparten la edad, porque por esas tristes coincidencias sociales, han nacido para permanecer distanciados por el agua.

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