Con el pasar de las semanas, extrañando a la distancia, comencé a vislumbrar la importancia de nuestros oídos por sobre nuestra boca. El agregado de conocer otros abuelos y sentirme parte de sus vidas. De a poco ser un elemento fundamental de su presente, con una dulce mirada que sabe a pasado.

Pude tomar conocimiento de la dificultad de seguir adelante entrados los años. Correr despacio con sensación de no llegar a ningún lado. Confusión como ineludible conclusión a todos los nuevos desafíos diarios. Percibir, con intenso dolor, ya nadie tiene tiempos para nosotros; ni siquiera considerando el tiempo que nosotros dedicamos, en un pasado que se avizora lejano, a los mismos que ahora nos han superado a toda velocidad.

El secreto no está en escuchar por mero deporte, sino en saber hacerlo, con interés y conciencia. Poner el corazón en cada palabra que oímos y brota de la boca de nuestro locutor, con destellante ilusión. Solidarizarnos del relato. Hacerlo parte de nuestra existencia. Devorarlo palmo a palmo. Adentrarnos. Asirlo con pasión.

No se trata de escuchar con obligación, sino con el amor de quienes otrora nos abrazaron en el camino del conocimiento, marcando el paso del tiempo, con enseñanzas perfumadas de intensa dulzura. Palmo a palmo calmaron nuestro océano de dudas.

Sincero abrazo de confianza. Amor. Paciencia de quienes, sin dudarlo, dieron horas y horas de su vida a nuestro servicio, para que un día, siguiéramos sus pasos. No nos soltaron la mano en aquellos momentos difíciles. Y ahora, a la distancia, sólo piden que no los dejemos ahogarse en sus recuerdos. Solicitan instantes de generosidad que muestren que en el mundo de los mortales no hay prescindibles.

Cuanto más los descubro, observo el sendero ineludible de la vida. Cambio que huele a permanencia. Redescubrir el pasado en cada presente que se pierde en lo más remoto de la oscuridad. Miedos renovados. Intenso dolor por un pasado que ya no puede volverse presente. Muestra que las huellas de un ayer no persiguen un hoy, por la vorágine cansina que supera el dolor angustiante, de saber que más temprano que tarde, las palabras que intentábamos dotar de contenido, un día, volverán a ser insondables.

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