Puede que sea un segundo, pero tu piel sobre la mía, consigue fundir cualquier pensamiento. Incluso los más obscenos. Sentirse protegido al tiempo que olvido mis problemas. Los tuyos. Hasta los nuestros. No es el calor que derriba el frío de la indiferencia, sino una fragancia única que cuatro brazos producen, sin que la ciencia pueda domarnos. Como cuando la meditación de mis ojos cerrados consigue cesar mis miedos ante un futuro, que de todos modos llegará. Me abrigo al percibir que de pronto parte de mi cuerpo desaparece y en el siguiente segundo me has dejado, pero las sonrisas se dibujan. Van casi de la mano. Entonces no hay abrazo sin sonrisa y aquella fotografía se repite, aunque me falten, y minuto a minuto, te añore, como nunca antes lo había pensado.

2 thoughts on “El poder de los abrazos

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