El perfecto autostop en Serbia

Por vez primera un autostop totalmente serbio. Era el país número veintidós, y en tres continentes totalmente dispares, donde esta sana costumbre sería parte (y no lo he hecho, de momento, en países donde es sencillo como Alemania o incluso Austria). Hoy, mas convencido que nunca, digo que mi vida no sería la misma, sin experimentar esta forma de viajar.

¡A LA RUTA!

Desayuno rutero

Si bien había anunciado que no era necesario me acercase al peaje, se negó contundentemente. Quería ayudarme. No nos habíamos siquiera conocido, pero al no poder hospedarme (y considerando mi arribo en retardo mi primer día) creía podía ser la excusa perfecta, para, finalmente encontrarnos. Acepté los designios de lo que podía convertirse, sin dudas, en una nueva aventura memorable. Así fue que Bratislav confirmó que me recogería a las 6:45 del lugar donde me hospedaba. ¿No era acaso muy temprano? Sin importar demasiado, que esa noche, como tantas otras, mis ocho horas de sueño, serían tan solo una utopía. Apenas si concluiría las cinco.

Entre al apuro (y quizá la adrenalina lógica) dejaría olvidada mi campera, pero la memoria a corto plazo me jugaría una buena pasada, y con dos minutos de demora, la recogería a tiempo, para salir a la calle (valga la contradicción) con imperdonables tres minutos de retraso. Bratislav me esperaba sonriente. Volví a agradecer la deferencia y subí al automóvil. Improvisamos una intensa conversación, acelerada por la coyuntura. Tendríamos con suerte una hora de tiempo para un desayuno y un breve viaje, donde historias paralelas se conjugarían en un idioma imperialista.

El tiempo urgía, pero sin embargo, pudimos degustar algo de la pastelería serbia, en la que puede sea la mejor confitería de Nis. La foto no pudo ser dentro del café, por normas de la empresa, sino en la calle (pero es una anécdota menor, a esta altura de los acontecimientos). Yo seguía siendo el mismo adolescente rebelde y no me iban a cambiar la forma de pensar. De todos modos, ¿a quién le importaban mis afirmaciones intempestivas?

Quinientos metros antes del peaje dividimos nuestros caminos. Mi aventura continuaba y los actores principales, de momento, eran para mí totalmente desconocidos. Mentiría si dijera que sufrí esos seiscientos pasos, probablemente porque el cuerpo, al igual que el alma, aún permanecía caliente. Me zambullí en un resplandeciente mar de dudas. Olía a gasoil a mí alrededor y el invierno parecía volverse primavera. ¡Qué idiotez del destino portar una chaqueta! Idéntica idiotez que me tenía cargando una mochila el doble de pesada de lo necesario. ¡A veces puedo ser más cabeza dura de lo permitido!

De peajes y autostop adolescente

Saludé en serbio a dos gendarmes que me contemplaron con cara de póker y seguí mi paso cansino. Tan pronto acomodé mi equipaje retiré el cartel que había preparado la noche anterior y fue hora de comenzar la cacería. No pasaron unos minutos cuando Boja me indicó que iba dirección Krusevac. Con la emoción de un niño, que intenta contarle algo a su madre, empecé a decirle que debía descender antes del peaje. Él lo sabía, yo, quizáno del todo. Sonrió ante mi indolencia y el auto poco a poco marchaba hacía lo desconocido.

La mezcla de serbio, inglés, alemán, italiano y español no se hizo esperar. Nos lográbamos entender o eso nos hacían creer. Comprendí que tenía tres hijos y que en su juventud había sido autostopero. ¡Interesante! Si mal no deduje planeaba viajar a Krusevac de esa manera la semana entrante. Me pareció ridículo, pero a juzgar por los acontecimientos venideros, intuí que el coche era de la empresa: probablemente de cosméticos. En ese momento no tenía mayor precisión, y no sé si aún la tengo. Aunque una hora más tarde (o incluso en este instante) pude deducir que estaba en lo cierto. Mientras tanto una parada para cargar nafta, y la ironía de dejarme solo en el auto con llaves. ¡No había desconfianza! A veces el mundo puede ser perfecto.

Al despedirnos estaba a metros del peaje. Él había improvisado in giro en U, para dejarme en las mejores condiciones. Agradecí o eso creo que hice y nos despedimos, como dos extraños que éramos, sabiendo que no volveríamos a vernos jamás. ¿Triste? No, sencillamente tal y como debía ser. Al menos nuestra relación, en tanto lo que duro, fue más intensa que las relaciones líquidas que se tejen a diario. Puede que hasta hiciera por mí, mucho más de lo que personas que han trascendido el anonimato, vayan a hacer algún día.

Record(ando) historias de ruta

Nuevo peaje. Nuevos interrogantes. Otra vez la virgen melancolía de sentirse vivo. Continuaría con el mismo cartel (KS) sin intentar que el camaleón dijera Kraljevo (KV). Transcurrieron minutos que se sintieron segundos y pude comprobar la rareza de la ruta. Un hombre de unos 40 o 45 años se me acercaba, luego de frenar el auto (si bien no percibí cuando se detuvo) y al grito de “Martín” se me aproximaba. ¿Cómo es que sabía mi nombre? Obviamente lo primero que me pregunté (o le pregunté). Me dijo que Boja le había comentado que yo iba a Kraljevo. Él también. De hecho seguían hablando por teléfono, y durante la próxima hora, sería una pieza de museo o tal vez un trofeo.

No habían dudas, como bien me diría Dejan (mi nuevo “hado madrino”), era una persona de suerte. Lograría una marca impensada. Prácticamente el mismo tiempo que viajando por cuenta propia en auto, y una hora menos que en autobús. Muchas historias, naturalmente comenzarían a tejerse, pero la ruta, una vez más, me enseñaría que la gente de bien, es mucha más de la que pensamos, y siempre hay un motivo para sonreír y dar gracias a la vida. Nos despediríamos en el centro de la ciudad, no sin antes recibir algunos esmaltes y pinta labios, que diría eran para mi novia (imaginaria).

2 thoughts on “El perfecto autostop: de Nis a Kraljevo (Serbia)

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