¿Dónde estoy ahora?

Nueva edición divertida que relata el lugar

EN DONDE ME ENCUENTRO ACTUALMENTE

y que está pasando durante los últimos días del viaje. Seguro algunas anécdotas divertidas y muchas experiencias de la ruta. El autostop se conjuga con el conocimiento profundo de nuevas culturas: personas, comidas y paisajes; tornándose una fragancia perfecta para seducir los ojos precavidos de la inmensidad que nos rodea.


La última emisión me tenía en Veles y poco a poco me fui acercando al final de mi travesía en Macedonia que en breve me tendrá en Albania. Miles de emociones conviven entre la confusión de mi ser. Cada hora suceden tantas cosas que es imposible dimensionar donde me encuentro. Desde las buenas, hasta las menos buenas, todas son parte de un gran relato que a veces me parece un verdadero cuento. ¿Cuándo la realidad se transforma en ficción?

Entonces entre sopas de lentejas, hidratos sobrecargados de energía entre la cocina balcánica y algo de vino me perdí en barrios al abrigo de la colina. Podía pasar horas sin saber dónde me encontraba hasta que me daba cuenta que había recorrido la misma calle una decena de veces. Así las últimas dos tardes me tuvieron entre el lago y la montaña. Respirar aire puro entre la confusión del día transformado en noche.

El tiempo de un nuevo autostop me tenía perfectamente preparado. Caminaba una docena de minutos para ubicarme en el lugar incorrecto. No sería la primera vez y para mentes despiertas, la próxima no sería la excepción. Con ingeniosa rapidez dejaría el lugar original y doscientos metros más adelante sentiría que mi suerte cambiaba. Gjorgi, economista local, viajaba a Skopje y sería el comienzo de una historia feliz. Pedido de pasaporte de por medio, con el temor de que fuera uno de los tantos inmigrantes sirios en pleno éxodo. ¿En serio alguien puede confundir como inmigrante de medio oriente?

Cuarenta minutos de conversación fluida interrumpida por su celular y momento de comenzar a sentir Albania en todo mí ser. Caminar sin rumbo entre la autopista. Pocos autos pasaban y todos a una velocidad superior a 100 kilómetros. Impensado probar suerte. Dos paradas fallidas y seiscientos metros más tarde la solución perfecta: no agarraría a los de la vía principal pero con la esperanza de los que entraban a la ruta como única salvación. Padre e hijo provenientes de Albania y con dirección a Tetovo, me dejarían en la estación de gas a la entrada de Kumanovo.

Parada breve pero intensa. Conocería una hermosa familia: Goran, Nate y la dulce Anja. Suficiente para convertirme en una niña más y jugar a las muñecas durante toda la tarde y entrada la noche naipes: ¡macao! La energía que cargaría en ese día permitiría mantenerme fuerte los siguientes, que serían algo duros. El desayuno con un pan frito revestido por huevo, un nuevo comienzo y con un retardo enorme saldría a la ruta una vez más.

Había pasado día y medio y con la última hora de sol me encontraba en la salida de Kumanovo con el deseo de llegar a Skopje con el comienzo de un anochecer temprano. Sí, 17:30 ya oscurece y los días se van volviendo más cortos y fríos. De hecho los últimos dos días no hemos superado los 12° y por las noches la temperatura desciende a 0°. Sin pensar demasiado en sucesos meteorológicos la ruta me llamaba y la tontería de la desorientación se repetiría: dos hombres mayores me avisarían que no estaba parado en la ruta a Skopje.

Con el cartel algo humedecido caminar en dirección al puente y al ver la autopista a medio camino, dudar si podría llegar con vida a destino. No parecía muy alentador el panorama. De todos modos siempre la clave es preguntar en exceso. Así una pareja joven me indicaría desde su auto estacionado que debía pararme pasada la gasolinera. La misma donde había descendido el día anterior. Cinco minutos más tarde incluso me llamarían y pasados otros diez comenzaría a viajar con ellos mismos rumbo a Skopje.

Podría descubrir una ciudad disparatada por la corruptela política y el desmadre en “obra pública”. Cientos de nuevos monumentos para crear una realidad paralela. Al menos caminaría por las calles sin sentirme turista y descubriría la paz a la vuelta de la esquina. La última tarde incluso el Cañón del Matka me tendía como protagonista principal y un padre turco y sus hijos macedonios sería compañía segura. Dos mujeres noruegas en recuperación visitantes de tránsito y contemplar la naturaleza viva, despertando por fin mi ser en eterno descanso.

Despedirme de nuevos amigos luego de haber cocinado empanadas argentinas y haber comido pie de manzana hasta el hastío. La madre de mi anfitrión Marko, habría hecho a la perfección sus deberes y podría irme con algún kilo extra que mal no me venía. Al dudar si quedarme un día extra, finalmente decidiría ir a Tetovo tal como estaban en mis planes. ¿Pero de verdad tenía planes? Y a pesar de la insistencia de quedarme por parte de Toma, Marko y Driton, decidiría emprender camino. El autostop por primera vez sería una verdadera experiencia de vida, de la que saldría airoso, entre un mar de dudas.

Llegaba a Tetovo entrada la noche y Cale (Sale en español) me recibiría en Tijuana Bar. Sí, señoras y señores, dormiría en principio una noche que se convertía en dos, en un Bar de la ciudad de Tetovo. Pasaría gran parte del tiempo allí. La primera noche sería invitado por clientes que sorprendidos demostraban sus conocimientos sobre Argentina. Uno de ellos me invitaría a su fiesta aniversario de su santo (algo que festejan los ortodoxos y no logré entender que es) y la noche pasaría rápida, con la suerte de que Cale me haría comer una pizza de champiñones, queso, morrón, casera espectacular y pasada la una y media de la mañana, el bar se cerraba y comenzaba nuestro descanso.

Dos días más tarde conocería a Kutankana y en especial a Bigi, que me harían vivir una experiencia singular. Jóvenes artistas y talentosos con los que pasaría otras dos noches, descubriendo que las nuevas generaciones no van a defraudarnos. Sus amigos serían de la partida la primera noche. Con la suerte de compartir música amena tocada por ellos y entre unas pastas con crema de champiñones la competencia de grafitis: “mujer”. La primera palabra que me venía a la cabeza sería parte del duelo y pasadas las 3:30 luego de haber escuchado música de los Balcanes cerraba la persiana.

Para no ser menos prepararía unas pastas muy sabrosas entre un colchón envolvente de verduras, al mediodía siguiente, y útil para una cena temprana. Me deleitaría conociendo a Antje, joven alemana que reside un año en Tetovo, como parte de un programa de voluntariado. Trabajadora social con una hermosa sonrisa que alegraría mi última tarde. Los preparativos para mi próximo destino harían que no la reencontrase en la noche, que transcurriría conversando con Bigi descubriendo aún más su talento artístico e introduciéndome aún más en la cultura de la minoría albanesa de Macedonia, de la que él es parte.

Mañana puede sea el día más exigente del último mes y medio: cruzar una nueva frontera, para comenzar el capítulo ALBANIA. De Tetovo a Tirana, previa parada en Ohrid. Pero como siempre digo: ¡que la ruta me sorprenda y marque el camino!

YA VOLVEMOS….

2 thoughts on “¿Dónde estamos? – Tercera versión

  1. Mucho cahmpinón en las comidas, me causó curiosidad saber si lo que está arriba del Tijuana bar es un alambre de púas por aquello de la seguridad. Pero más allá de eso, y del vuelo fugaz en la narrativa, el compartir con la gente, recibir riqueza cultural en cada viaje es lo que más rescato. Vermos que trae Ohrid y Tirana.

    1. Dani, no me había dado cuenta lo de los champiñones. ¡Es cierto!
      No, por lo que recuerdo son ramas y no alambre de púa. La verdad que en Macedonia puede haber pobreza, pero es algo linea, y por ende muy segura. No te sientes con temor a que te asalten o aún peor te maten, en ningún segundo.
      Como bien dices la riqueza cultural de viajar no la puede otorgar ninguna Universidad. Se aprende como nunca. Uno mismo se pone a prueba.
      Ohrid fue muy fugaz pero suficiente. En cuanto a Tirana, vendrán muchas sorpresas a través de post y también tienen los videos como el del cruce de la muerte. ¡Un abrazo grande!

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