¿Dónde estoy ahora?

Nueva edición divertida que relata el lugar

EN DONDE ME ENCUENTRO ACTUALMENTE

y que está pasando durante los últimos días del viaje. Seguro algunas anécdotas divertidas y muchas experiencias de la ruta. El autostop se conjuga con el conocimiento profundo de nuevas culturas: personas, comidas y paisajes; tornándose una fragancia perfecta para seducir los ojos precavidos de la inmensidad que nos rodea.

¿Quieres saber donde me encuentro?

Entonces sígueme a través del relato:

Chau Strumica

Con enorme rapidez dejé Strumica. Estaba cansado luego de algunos días poco productivos. Tiempo perfecto de reconfortarme con la pieza más hermosa del viaje: un nuevo autostop. La sorpresa me convocaría veinticinco minutos más tarde cuando al llegar a la gasolinera no encontraría demasiado espacio para acomodarme. Apenas cinco minutos pasarían para llevarme la enorme desilusión de numerosos adolescentes con mis mismas intenciones: desconocerían las reglas y se me adelantarían varios metros, capturando los primeros carros que portaban ilusiones (tal como se observa en algunas fotos).

Si bien ya daré más detalles del autostop y consejos salientes tan solo decir que a pesar de la espera y cierta confusión producto de imberbes el servicio de la falta de códigos la espera se alargo, pero a poco de sentir que aún quedaban cinco o seis de ellos, una combie frenaba y renacía la seguridad de llegar antes de mediodía. El conductor no tendía demasiadas esperanzas en la humanidad y entristecido por la situación de los Balcanes, aunque al menos se alegraba de que compartiera el nombre de su único hijo.

Pasear por las calles de Shtip, café de por medio
Luego de un viaje sin demasiados sobre saltos y bordeando una de las tantas minas de extracción de oro, donde el horror se conjuga con la única esperanza de un plato de comida, llegaba a Shtip y de manera diplomática aceptaba un café a la espera de mi excelente anfitriona: Elena

Podría comprobar que la necesidad de comunicarse puede siempre más. No solo porque el padre de Elena quedaría al menos un cuarto de hora conversando con el conductor de la combie, sino por sobretodo cuando café de por medio, improvisaríamos un pésimo francés, tan solo con la intención de parecer hermanados por segundos.


De Shtip a Veles I : la sopresa dorada
Habíamos discurrido fotografías de viajes que se remontaban por lo menos cuarenta años en el tiempo. Blanco y negro con aroma a nostalgia. ¿Qué había quedado de aquellas aventuras? Entre tanto un cálido abrazo nos despedía y en la esquina podía voltearme para observarlos por última vez. Mi mano en alto los saludaba y las caricias se sentían aún a la distancia.

La primera persona que me crucé es una joven que no habla inglés. Seguro no es casualidad. Al ver la fotografía del mapa que tomé con gran inteligencia el día anterior me da indicaciones en un incomprensible macedonio. Agradezco “fala” y continuo mi paso para cruzar a una señora que a toda costa quiere dialogar conmigo. Improvisa un inglés con sabor a comedia y en la proximidad me cree un estudiante perdido en Shtip. Reniega de mis intenciones de autostop al tiempo que me recomienda el autobús. Su curiosidad basada en mis fotografías y despedirla con intención de esquivar su presencia.

Mis consultas se basan en errores. Ahora un joven cuyos ojos parecen mirar hacia cualquier dirección me vuelve a afirmar que debo atravesar un puente. Instante donde un muchacho con cara de sospecha me contempla de pies a cabeza y mi temor ni se despeina. Metros más adelante el panorama cambia y otro joven en perfecto inglés confirma mis dudas. Ahora tengo la seguridad de no saber para donde voy. ¿Veles?

A medio camino del puente un chico de anteojos, excesivamente delgado, me huye despavorido ante mi consulta “Do you speak english?” Al menos el dedo índice responde sin esperanzas. Tres adolescentes ignoran por completo lo que busco y pretenden mandarme en otra dirección. El absurdo en todo su esplendor. Mi salvación la da el joven más extraño: aros por doquier, peinado de sorpresa y la duda de su género: voy en buen camino y pocos kilómetros me separan de la Lukoil.

Cuatrocientos metros y los carteles no muestran “Veles” ni de cerca. Mismo instante en el que un autobús completamente amarillo me pasa por al lado y se me revuelve el estómago. Entre la desolación de una estación de Bus dos hombres me observan y son la clave. Debo seguir recto y atravesar una rotonda. La misma que miré en los mapas interactivos la tarde anterior. Mientras pienso lo que puede esperarme, el Bus amarillo vuelve a sobrepasarme y esta vez no me inquieto. Ahora soy el hazme reír de jóvenes que trabajan en un restaurante. Comentan algo que desconozco y poco me interesa. Mi enrome mochila por lo visto no pasa desapercibida: yo sí.


De Shtip a Veles II: hablando de fútbol
Cuando los minutos pasan y la inquietud aflora un auto frena y la ilusión renace. No, no va a Veles pero ni se para que paró. Segundos más tarde la segunda detención pero es una falsa alarma. Parece me han confundido por otra persona. Entretanto recogen a unos jóvenes que esperan detrás mío. Y yo que pensaba se lanzarían al autostop. Por fortuna que no.

El clima no parece muy fresco. Aprovecho para comer unas galletas, sabiendo que pronto alguien se apiadará de mi. Cuando menos lo pienso Yuksel frena y me indica que suba. No va a Veles pero puede dejarme en la entrada. A duras penas entiendo que me dice en un inglés con marcado acento turco. El comienzo del viaje habla por celular con algunas mujeres. Prefiero no enterarme de que se está tramando. Al final me vengo a dar cuenta es director técnico de fútbol y ha estado en Arabia Saudita, Rusia, Alemania, Rumania y ahora en Macedonia dirigiendo. Pueden ver más de él en http://www.yukselyesilova.com/de/default.asp

Y ahora me vengo a enterar que tiene cientos de videos en YouTube donde muestra lo que hace. Parecería entonces que mi llegada a Veles (atención no es Velez como el equipo de fútbol) el primer día sería mono-temática. Me percataría de ello principalmente en la noche. El video que sigue es un adelanto (podrán encontrar más al final de esta entrada) sobre un entrenador de fútbol que recién me enteraba que existía.

El saludo de Yüksel Yeşilova cuando nos despedimos en la entrada de Veles


Fan de Liverpool por una noche

Puede parecer absurdo, pero a mi arribo a Veles, con el excelente recibimiento de mi amigo Ace, sabía que el fan club del Liverpool me esperaba esa misma noche en Strumica (si volvería a Strumica luego de seis días de haber llegado por vez primera) para el clásico Liverpool-Manchester United. Iríamos en caravana parte de los miembros de la organización de fanáticos del Liverpool en Veles (y yo), al encuentro nacional en Strumica, a casi 100 kilómetros de distancia.

A la llegada nos tenían todo preparado. Mesas exclusivas para nosotros y encontrarme con un fanático de Atlético de Madrid que estaba ahí por sus amigos (el de la foto). Amante del Cholo Simeone, por lo que al enterarse que venía de Argentina querría una fotografía conmigo y congraciarme todo el tiempo. Sería su nuevo ídolo los siguientes 90 minutos. Así que amigos, ya saben, a veces es cuestión de sorprenderse y disfrutar de una excelente velada en compañía de 300 hinchas del Liverpool y un clima de estadio en un Bar repleto.

Minutos antes del comienzo del partido:

Acabado el partido, a pesar del 0-0 contra el Manchester, se vivía clima de festejo con bengalas:

¿Y AHORA QUE?

En este momento disfrutando de la noche acompañado de Ace y un vino. Sigo en Veles unos días más y luego mi viaje por Macedonia continúa al menos por otras tres o cuatro ciudades y pueblos.


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