¿Dónde estoy ahora?

Nueva edición divertida que relata el lugar

EN DONDE ME ENCUENTRO ACTUALMENTE

y que está pasando durante los últimos días del viaje. Seguro algunas anécdotas divertidas y muchas experiencias de la ruta. El autostop se conjuga con el conocimiento profundo de nuevas culturas: personas, comidas y paisajes; tornándose una fragancia perfecta para seducir los ojos precavidos de la inmensidad que nos rodea.

¿Dónde habíamos quedado en la versión anterior?

Me había despedido de ustedes, justo cuando me tocaba una gran hazaña. Intentaba dormir, pero eran tantas cosas que tenía pendiente que se hacía imposible cerrar una página para abrir la siguiente, sin dejar que la adrenalina recorriese todo mi cuerpo. Sin darme cuenta dormiría lo mínimo necesario y temprano en la mañana, con las primeras gotas de lluvia, comenzaría a despedirme de Macedonia.

Cruce de fronteras: entre luces y sombras del desconcierto
Sin siquiera pensar demasiado me encontraba en la ruta, y cuando intentaba encontrar el lugar perfecto para comenzar mi tarea, descubría que cada nuevo rincón era peor que el anterior. Así fui moviéndome hasta llegar a la autopista de Skopje a Ohrid, con la esperanza de encontrar mayor caudal de gente. Iluso. Creer que autos que se disponían a derribar mis esperanzas a cien kilómetros por hora, se dieran un instante de paz, era como jugar a la ruleta rusa.

Si bien el chaparrón había cesado no sentía estar en el lugar adecuado. Aún conservaba la ilusión de que alguien se frenase desde la entrada de Tetovo. Los escasos autos ni se mofaban de mi presencia. El frio se hacía más intenso y mi cansancio redimensionaba las mínimas probabilidades de arribar a Tirana con luz de día. Pero siempre se necesita una cuota extra de paciencia y cuando menos lo imaginamos, el mundo se detiene, y lo tenemos nuevamente en nuestra mano.

Brahan Amiti, actor macedonio de origen albanés, con su sonrisa impoluta, hacía lugar en su carro y me decía que podía acercarme al siguiente pueblo, Gostivar, con la excelente idea de un peaje de los tantos que saludan o despiden ciudades, conforme a como los recibamos. Su última película “Hunting flies” ha sido realizada con fondos noruegos y premiada en el Festival de Toronto. También tiene un programa de comedia muy conocido en Macedonia, entre otras de sus actividades actorales. http://www.tiff.net/films/hunting-flies

Apenas segundo más tarde y cuando la humedad manifestaba su densidad, Lyupco frenaba su camión y nos íbamos a la ruta. Oriundo de Ohrid pero recorriendo dos veces a la semana de Rumania, Serbia y Macedonia, con comestibles a su haber. Disfrutaríamos de unas horrendas galletitas rumanas en el transcurso del paseo. Penetraríamos entre giros y contragiros una vía donde la bruma y la lluvia harían imposible la visibilidad. Pero eso sí, cuando menos lo imaginaba, tomaba su carro y me permitía descubrir los puntos más salientes de Ohrid, que luego replicaría a pie.

Nuevamente encontrarse encasillado entre la desgracia de errores patentes. No debía haber venido a Ohrdi, sino quedarme en Struga, donde el autostop a la frontera albanesa sería más sencillo. A veces solo podemos aprender de equivocaciones. Nunca es tarde para cambiar la suerte. Así mi cartel improvisado con un cartón de la calle pedía dieciséis o más kilómetros de aventón. Seguía en un minimiercado, donde los vegetales me saludaban y una hora más tarde su dueño se apiadaría, y junto a su hijo Rahim, me alcanzarían a Struga, no sin antes regalarme una bolsa llena de mandarinas, que comería durante tres días.

Se había hecho tarde y el frío no mermaba. El cansancio me hacía añicos mientras me decían que no había esperanzar que alguien me cruzara. Entonces llego Shuky, nacido en macedonia pero de origen albanés y con media vida en Suiza. Conjugaríamos al alemán y el italiano, para comprendernos y unas cuantas mandarinas mediante, atravesaríamos bellas montañas albanesas para despedirnos pocos kilómetros antes de Elbasan.

Ervin tomaría la posta cuando el sol parecía caer y la gente local me indicaba que cometía un error al intentar ser alcanzado por alguien los restantes cuarenta y cinco kilómetros. Otra decena de mandarinas irían a manos de un abuelo que aún hoy día no entiendo que hacía parado en la ruta. ¿Maestro del autostop o de la confusión? Sin siquiera pensarlo estaba camino a Tirana, con un médico que había recorrido varios países de Europa, por trabajo, ente ellos Serbia, uno de mis pendientes después de mi paso por Grecia.

Tirana pero no sádica
Llegaba en la noche. Cansado. Sabía tenía dos días por delante, pero con la promesa de regresar uno o dos meses más tarde. Hoy quizá puedan ser tres, si encuentro voluntariados que satisfagan mis deseos profesionales. En pocas palabras comenzaría a conocer algo de la cultura china y la mañana siguiente un té chino de jazmín prácticamente me mataría por su sabor intensamente amargo.
El día, tal como pueden leer en el siguiente enlace, sería inmejorable. Oportunidad perfecta para creerse un elegido. Primero un joven que hablaba perfecto italiano te daba indicaciones de cómo llegar al teleférico, no sin antes darte el dinero del pasaje (cuarenta lek, treinta céntimos de euro) para luego encontrarme a un paulista que vive en Roma y conversar con dos hermanas albanesas, luego de una hermosa vista de la montaña. Coronar la noche con un matrimonio italiano que me convidaría un té y permitiría cerrar un día en una ciudad estresante, pero que me quedará grabada en la mente por muchas razones.

Durres entre el manto “americano”
El autostop traería un invitado especial algo particular. Albanés de raíces turcas que se pararía en varios sitios para tomarse fotografías y fomentar el ridículo. Entre ellos quedar sin dinero luego de invitarme a tomar algo y darme regalos albaneses, para hacerme pagarle por su gasolina y maldecir gastar tres o cuatro veces lo razonable. Pero siempre sostengo que todo lo que va, sin dudas, viene. ¡Recuerdenlo!
Entre dulces horneados, brownies, algunos snack y juegos de mesa pasaba el primer día. La compañía infaltable de Niki y Kina se haría sentir con el calor felino. Y me deleitaría con unas pastas italianas, amasadas por una señora albanesa con casi veinticinco años en Italia, que me haría corroborar que Italia a veces es más marketing gastronómico que otra cosa.

Vlore de cumpleaños y cortesía albanesa
Llegaba cansado, como en cualquier viaje. En especial porque el estrés de la ruta empezaba a calarme hondo. Mientras tanto el calor de una familia especial y un anfitrión muy albanés, me hacían sentir en casa. Para colmo Ednild con su excelente conocimiento de la lengua italiana y su imperiosa necesidad de agasajarme, incluso durante su cumpleaños, harían las cosas más que perfectas. Cúmulo de pretextos necesarios para regresar.

Gjirokastra no me castra
Salir de Vlore con una minivan que no se terminaba de llenar y saber que no me sentiría tan feliz de la espera y el caos. Ed me había aconsejado bajarme en Levan, porque de allí sería más sencillo el autostop pero nadie me avisaría en la camioneta y de suerte que descendería en Fier. ¿Por qué nadie me anunciaba mi parada, si la había anticipado al subirme? Menos mal que pregunté, sino me bajaba en Tirana.
En la estación de servicios me darían indicaciones no muy acertadas y luego de unas burek regresaría a la ruta, donde Egon sería la llave del día.

El sueño griego recién comienza
Entrada la mañana y con la fortuna de la salida del sol descubrirme en la frontera. Segundos que se convertían en minutos, veía como un matrimonio enfrentaba problemas en el control, mientras yo lo pasaba sin mayores inconvenientes, y veía al fin, como aquel sueño de niño, reforzado con los años, cobraba realidad. Cerca del aeródromo hacía mi primera parada en Ioannina y sería recibido por Vasilis antes de una pequeña recorrida por la ciudad.

Por la tarde comida casera regional, para luego ir al centro cultural a ver danza y música en un espectáculo por demás peculiar. Beberíamos por la noche ouzo, un licor anisado griego y con los planes de domingo listos nos despediríamos entrada la madrugada. La mañana nos encontraría camino a la montaña y disfrutaríamos un hermoso día al resguardo del lago, junto a Vasilis y sus jóvenes amigos.

Y Mañana algunas reuniones en Ioannina, donde me encuentro en la actualidad, para perfilar algunos planes que tengo en mente para Diciembre y/o Enero. Entre tanto recorreré otras ciudades, entre las que posiblemente esté un paso esporádico por Atenas, para regresar nuevamente dos semanas más tarde, luego de una parada obligada, que ya les contaré en detalle.

One thought on “¿Dónde estamos? – cuarta edición

Coméntanos...