Entre recuerdos del horror, un nuevo autoestop, en Bosnia Herzegovina. Con la paradoja de atravesar de una a otra región. Muchas historias se tejen en la ruta y es momento perfecto para decir AHORA.

¡Acompáñame en esta nueva aventura!


Ningún camino lleva igual destino

El día comienza temprano y sorprendentemente frío. No entiendo como podemos pasar de un intenso verano, durante una primavera que no se decide; a un invierno cruel, entre chaquetas que piden lavado. Sin embargo la suerte está de tu lado, cuando tu anfitriona, decide dejarte en la ruta principal que conduce a Sarajevo. ¡Suficiente para creer que tienes mitad del día hecho!

En esta oportunidad, por primera vez en largo tiempo tengo compañía. Alex (de California) ha decidido iniciarse en “autostop”. Ha escuchado tantas hermosas historias (y desafiantes), que piensa es buen momento para darle un toque de acción a su interminable viaje por Europa. Hemos compartido cinco días en la misma casa en Mostar y ahora parece sucederá lo mismo en Sarajevo.

Día soleado. Hace falta reiterarlo. El cielo azul intenso. Tan intenso como el viento que se mece en tu cara, cuando intentas levantar en alto tu cartel. Comenzaremos juntos, la primera hora, y si no funciona, será tiempo de dividirnos, a pesar de los temores de Alex. Las acciones también divididas, aunque la suerte, obviamente, de nuestro lado.

Freno a la rutina

Varios autos se frenan, y la adrenalina de mi compañero se agita. Con mi experiencia pasada, le digo que se calme. Serán muchos los coches que se paren, ya sea para cargar gasolina, como para estirar las piernas. Cierto temor de que dos hombres, perdidos entre los balcanes, intentando jugar a la ruleta rusa, choquen sus cabezas contra el pavimento.

Cuarenta minutos más tarde, que realmente han pasado volando, un camión se orilla y la confusión nos inunda. El último que me ha llevado ha sido unas semanas atrás en Montenegro, camino a Tivat. Me trae hermosos recuerdos, principalmente de tantos caminos perdidos en Sudamérica. ¿Será tiempo de volver a revivir historias que calan hondo?

Alen, oriundo de Mostar. Sonríe mostrando que sus dientes son prueba de un pasado muy duro. Ha combatido de 1991 a 1995 en Mostar y Sarajevo, contra serbios y más tarde croatas. Con una nueva sonrisa te dice “musulmanes, católicos u ortodoxos en una estúpida guerra, pero todos ellos, cuando mueren, terminan JUNTOS en el mismo sitio” (señalando a los numerosos cementerios a nuestro paso). Silencio. Ruidoso y permanente silencio. Recurro a sus frases para decir que nunca podría haber dicho algo más cierto.

Cuando rodeamos las intensas colinas que lo han visto subir y bajar en la noche, sus lágrimas recorrerán su rostro. Su familia en Sarajevo no ha sobrevivido a la guerra. Cientos de sus compañeros de milicia, han perdido la vida. Desde entonces no ha querido pasar sus días en Sarajevo, ni siquiera de visita.

En el camino descubres que el espíritu balcán está en todos los sitios. Tomarse unos segundos para estirar las piernas, que continúan conteniendo cerámicos. Sí, mi pierna derecha es el tope de seis cajas que intentan no quebrarse. Alen nos ofrece una especie de pan de pita que tiene kaimac dentro (queso de color blanco, típico de la región). ¡Justo ahora que tenía una bolsa llena de comida!

Recuerdos que quisiéramos borrar

A lo lejos observamos las sierras. Mismas sierras que permanecían tan solo abiertas al paso de soldados en los años noventa. En la noche, agazapados, cruzaban de una a otra zona, intentando no ser vistos. Caso contrario sería una caminata perfecta hacia la muerte. Destino común de un centenar de miles de personas. Triste historia que no tiene fin. Y el odio racial, permanece más vivo que nunca, incluso en las áreas donde la muerte ha tenido más presencia que nunca.

Alen continúa relatando lo que han sido días donde tan solo se escuchaba la explosión constante de granadas. Reitera que no perdonará una generación que ha matado tantos niños inocentes. Pero en tiempos de guerra, indica, es tu vida o la del soldado enemigo. Pero una cosa es matar a soldados y otra a civiles. Una lección de derecho internacional se avecina. Palabras sinceras. De esas que provienen del corazón. ¿Y me vienen a decir que solo puedo aprender en instituciones educativas? ¡Cruel mentira! He aprendido más en la ruta, que en la Universidad.

Tantos pensamientos que no son vanos. ¿No es tiempo de redefinir que tipos de escuela queremos? No hay duda que la mayoría de los estudiantes, tan solo de escuelas primarias, no encajan en ellas. ¿No es prueba cabal de que hace décadas los sistemas de educación son arcaicos y reproducen incansablemente tanta mierda a nuestro alrededor? Final abierto, como en tantas historias que se tejen (y destejen).

Y vuelven a venir e irse, entonce nuevamente la historia se dibuja, para encontrarte descendiendo del camión. Estás en Sarajevo. Pero lo que aún no sabes es que quedan algunas horas de caminata, para encontrarte con tu próximo destino. Alen piensa que su colega puede llevarnos a la “Ciudad Vieja”, pero la suerte no estará con nosotros, aunque esa ya es otra historia, y estoy predispuesto a disfrutar de Sarajevo, ciudad que dio origen al horror, pero es nuestra tarea, como seres humanos, lograr desmitificarla.

4 thoughts on “De Herzegovina a Bosnia, a través de recuerdos de la guerra

  1. Mucha razón hijo mío, no hay cosa pero que el odio, porque odiar. La gente no entiende que no hay cosa más linda que todos miremos para la misma dirección y no tengamos que matarnos inecesariamente, pero…… hay desgrasiadamente tantos intereses que son los que matan al hombre no. Tu eres una gran pacificador, una gran persona con sentimientos enorme, por eso y mucho mas te amo tanto tanto

    1. Gracias por las bellas palabras. ¿Tendré a quien Salir? heheh
      Ojala lo que dices sea un hecho palpable. Cariños 🙂

  2. Interesante preludio a esta magnifica historia de ruta. Saludos mi amigo desde Salta, Argentina.

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