Tenía 15 años cuando los tanques nazis cruzaron territorio austríaco y fueron recibidos como héroes. Fue muy doloroso ver como el país donde había nacido, y creía pertenecer con todos los derechos de ciudadano, un buen día se convirtió en mi peor pesadilla.


Surgir del horror

Llegué a Bolivia a fines de Abril del año 1939, acompañado de mis padres. Un año atrás las tropas alemanas habían cruzado la frontera. La inmensa mayoría del pueblo austríaco, había recibido con loas al ejército Nazi. La gran astucia de su maquinaria propagandística había preparado el terreno para una dictadura atroz. Me quedará siempre grabado aquel domingo 13 de Marzo 1938, cuando sería declarada la anexión de Austria. Dejábamos de ser un país independiente, para pasar a formar parte del nuevo Reich alemán.

Poco tiempo después, en ese oscuro Noviembre del mismo año, mi padre fue llevado al Campo de Concentración de Dachau y dejamos de saber de él. Mi madre se dirigió a la Gestapo en numerosas oportunidades, pero no encontró respuesta. Mientras tanto habíamos sido obligados a mudarnos al departamento de un vecino, donde todas las familias judías permanecíamos hacinadas. Nuestra casa había sido sellada y no podríamos acceder a nuestras pertenencias. Para ese entonces las plazas rezaban “Prohibido perros y judíos”.

Cantar una oda con sabor a futuro

Sé que las circunstancias de nuestra emigración no han sido las mejores, pero tuvimos la suerte que millones de personas no han tenido. Para mi padre, abogado austriaco; dejar su patria, su profesión y emigrar hacía un lugar completamente desconocido, sin siquiera conocer la lengua española ha sido traumático. Además los nazis nos quitaron todas nuestras pertenencias, con lo que solo se nos autorizó a portar 10 marcos (en ese entonces 4 dólares).

Realmente no recuerdo como pasaron los últimos días hasta nuestra partida de Austria. Pero llegó el mes de Abril y el momento preciso de marcharnos. Un tiempo antes, nuestros familiares desde Rumanía, nos consiguieron pasajes. Teníamos que cruzar toda Alemania hasta Hamburgo. ¡Viajaríamos desde allí a Sudamérica, en un barco alemán!

Oportunidades que nos da la vida

Para hacernos la vida más difícil en tierras lejanas, nos habían despojado de todo. Mi padre tenía un sobrante de dinero, del cual debía deshacerse. Con felicidad recuerdo que me lo regalaba para que pudiese comprar lo que quisiera. Vi una lapicera Mont Blanc en una vidriería, que orgulloso me sentía poseer algo tan elegante y fino. Tan pronto subimos al barco, nos indicaban que seguíamos en suelo alemán, viajábamos bajo la bandera con la cruz esvástica, sin que la tripulación supiera nuestro origen.

Nuestro destino en Bolivia ha sido La Paz. Para entonces una pequeña ciudad emplazada a casi 4.000 metros de altura. La primera impresión ha sido de completo asombro. Un mundo que no pueda ser mas diferente de todo lo conocido o vivido. Nos costaba respirar a causa de la altura y la falta de oxígeno.

Cuando lo desconocido te ilusiona

Bolivia para el año de nuestro arribo, ha sido en nuestro ojos, un país primitivo. La inmensa mayoría de la población analfabeta. En sus documentos estaba escrito: no lee, ni escribe. Culturalmente siglos de atraso y nosotros ahí, siendo recibidos sin ser juzgados por nuestras diferencias. Probablemente una gran enseñanza.

Es cierto que en parte por nuestra culpa y en parte por esa brecha cultural, nos sentiríamos aislados. Demasiado diferentes. Creo que los bolivianos tuvieron la misma sensación. Para ellos seríamos gringos, y esto no cambiaría. El hombre “blanco” había generado mucha destrucción. Puede ser natural nos vieran con un gran interrogante. Pero con orgullo pudimos desarrollar el comercio y una incipiente industria.

Saber agradecer

Puede pensarse que se me quitó mucho. Parte de mi familia. Mi patria. Pudimos rehacernos de tamaño golpe. Ya en Bolivia, tuve el profundo pesar de enterrar un hijo en vida. Probablemente el mayor dolor que un padre puede acarrear. Un accidente fatal que te hace ver la vida con otros ojos.

Una década más tarde, prematuramente, mi gran compañera nos dejó, pero aprendí a ver el lado soleado. Tengo una hermosa familia. He hecho buenos amigos. El deporte me ha demostrado la importancia de una vida sana. Coseche muchos logros en ese campo, que siempre vuelven a mi memoria. Al final de cuentas, ¿no puedo afirmar que mi paso por este mundo ha sido muy bueno?

Indaga en tu corazón

No creo sea en vano, para las generaciones venideras, recordar el horror del pasado. Solo la memoria hará que hechos horribles no se repitan. Cuando uno ve las noticias, a diario, tiende a creer que vivimos en el peor de los mundos. ¡Me niego a acompañar esa mirada!

Mi historia es un ejemplo de contrastes, es cierto. De todos modos no puedo dudar de algo que aprendí gracias a tanta disparidad: la gran mayoría de la gente, en esencia, tiene buenas intenciones. ¡Aprendamos de nuestros errores, solo ellos nos permitirán superarnos como personas!

One thought on “Cantarle a la vida

  1. todo este horror y tambien esta alegria nos ayuda a seguir viviendo con fuerza los tiempos actuales.
    con fuerza y siguiendo un claro objetivo, se consigue lo que se busca
    bien Martin por compartir esta parte de la vida del gran Opi!!!!!!

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