Barcelona como un adelanto del libro

Camino sin retorno
Salí a la calle. Estaba algo fresco. Iba con una campera negra deportiva, que me había acompañado en cientos de mochileadas. De hecho había recorrido tantos kilómetros a dedo (autotsop), que era imposible precisar cuántos. Había conocido lugares remotos, de toda nuestra hermosa Sudamérica y en el último tiempo, había empezado poco a poco, a hablar hebreo. De todos modos, con lo cargado que iba, frío no iba a hacerme. Por otra parte, mi nerviosismo en aumento (seguramente era más que nada ansiedad, por plasmar un momento, con el que había imaginado, muchísimos meses), permitía estar por encima de la temperatura ambiente.

Intenté recordar el camino. Mi orientación, en líneas generales, tiene problemas patológicos incurables. Desde niño, no comprendí como puede ser que haya veces que tomando tanto hacia la derecha como a la izquierda, llego al mismo lugar. ¿Será que todos los caminos conducen a Roma? ¿O es que como el tiempo y espacio son creaciones humanas, no interesa la vía elegida? Sin importar demasiado, el manto que cubría mis pensamientos, doblé a la derecha. Sabía debía llegar a un puente y pasar por debajo. Era mi único punto cardinal, a esas alturas. Suficiente para arribar a la estación de trenes Montcada i Reixac.

Joan me había alertado que salía uno en pocos minutos. Al llegar a la estación, intenté comprar los pasajes. Me acerqué a la boletería, ya que pensaba sería más sencillo que con los cajeros automáticos. Saludé a la cajera y entre tanto el tren pasaba frente a mis ojos. Intenté corroborar cual era el que debía tomar, pero no me dieron mayor precisión. El tren terminaría por irse. Temía que el próximo no pasase hasta dentro de cuarenta minutos. Por suerte había salido con suficiente tiempo. Me vanagloriaba de ello. Atravesé los molinetes, con la fortuna a flor de piel. Otro tren ingresaba a la estación. Iba en dirección al Aeropuerto. No podía estar más feliz. Pequeñas grandes cosas, que nos alegran la vida. Empezaba a sentirme como el Opi. ¿Alguna vez había dejado de hacerlo?

Presente de un abrazo eterno
En el tren, circulan millones de reflexiones. Quisiera tomar nota de todas ellas. Con el correr de las cavilaciones, vislumbro ese abrazo. Deseo gritar a los cuatro vientos, que estoy presto a vivir uno de los momentos más emotivos de mi vida. Busco volver a la realidad. Debo ser consciente de todo lo grandioso que me ha llegado y llega, día tras día. Sin embargo, aunque me cueste horrores, mi misión es intentar tener los pies más en la tierra que nunca. Sé que por mi temperamento viajero es imposible. Las circunstancias actuales son especiales y el Opi lo necesitará.

Desciendo en la estación final. Circulo una larga pasarela, donde puedo ver la explanada del Aeropuerto. Noto que mis mejillas están totalmente húmedas. ¿Cuándo y cómo acontecieron tales reacciones químicas? No puedo engañarme, la emoción del reencuentro previo, me ha condenado. Preso de mis sentimientos más profundos. Intento que nadie se dé cuenta que estoy llorando. Sé que no hago nada malo, pero me da cierta vergüenza. ¿Serán parte de ciertos mandatos sociales que debemos desterrar? Pregunta trascendental con final abierto.

La caminata me ha dejado frente a los shuttle (buses que trasladan de la Terminal 2 a la Terminal 1). Me separan poco más de cuatro kilómetros de distancia. Observo el reloj. Voy con más de hora y media de tiempo. Puede que logre a batir el record de puntualidad por primera vez en la vida. Somos sudamericanos, nos tenemos merecida la hora de retraso. Se me han secado las lágrimas y me he comenzado a relajar. Cierro los ojos, para sentir una mayor conexión interior. Al abrirlos, el shuttle está frente de mí. Son de color verde claro y es importante distinguirlos, de otros autobuses que circulan dentro del Aeropuerto de El Prat.

Transcurrirán otros diez o quizá doce minutos, hasta que estamos en condiciones de descender. El tiempo parece detenerse. Cada segundo se hace interminable. Casi sin proponérmelo, estoy frente a la pantalla digital que anuncia las llegadas de los vuelos. He tenido que recorrerme media terminal, para finalmente encontrar los arribos. En un principio eran todos despegues. Pensé podría haberme equivocado de terminal. Por suerte, estaba en lo cierto. Tengo unos cuarenta minutos de espera, si el vuelo llegaba en hora. Veo cuatro vuelos provenientes de Roma con el mismo horario de llegada. ¿Puede ser cierto?

Vuelo Al Italia AZ 70 con horario estimado de llegada 10:35. Los cuatro, con seguridad pertenecían al mismo avión. Deben ser cuatro empresas que usan el mismo servicio. Prácticamente lo confirmaré minutos más tarde. Son aproximadamente las diez. Queda más de media hora de espera. Suficiente para comenzar a interactuar con desconocidos. Sin ir más lejos, a mi lado hay un señor de unos 60 años. Se lo ve bastante flaco y desmejorado. Espera a su cuñado. Viene de Niza. Mismo horario de arribó que nuestro AZ70. También hay dos llegando con exacto horario, desde la ciudad francesa

No me quedan dudas. El vuelo está demorado. Ya son las 10:35. La pantalla sigue mostrando que el avión está en pleno vuelo. Exactamente lo mismo sucede con el vuelo proveniente de Niza. Parece que tantos aviones aterrizando contemporáneamente es un verdadero problema. Calculo, unos minutos más, y estaré nuevamente con el Opi. Sonrío de solo pensarlo. Empiezo a ser la persona más feliz del planeta. El solo hecho de saberme a su lado, me convierte en un ser totalmente pleno. Cuento los segundos, que de pronto se han convertido en minutos.

Vuelvo a observar el monitor. Continúa en camino. ¿Cómo puede venir tan atrasado? Mi desesperación, empieza por inquietarme. Ya sabrán que es el momento donde comenzamos con cualquier tipo de elucubraciones. Desde las más estúpidas a las más rebuscadas. Todas tienen lugar, en una mente, sin descanso. En cuanto me pierdo en tantos pensamientos lúgubres, dejo de disfrutar de la espera. ¿Acaso no debe ser también un instante de goce? Nos separan minutos de risas compartidas. Entonces vuelvo a alegrarme y me relajo, para descubrir que el vuelo AZ 70 proveniente de Roma, ha aterrizado.

13 thoughts on “Barcelona: un adelanto del libro

  1. Genial!
    Me encanta tanto la narración amena como el contenido y la profundidad de los sentimientos expuestos. Una aventura de la vida real más emocionanate que cualquier fantasía, Justamente por eso, por ser realmente vidida; sentimientos realmente sentidos; experiencias realmente acontecidas; un sueño realizado.

    Esperamos ansiosos poder disfrutar de la novela completa,que se avista como una obra realmente magnífica!

    1. Nata: muchas gracias por tus sentidas palabras. Nos dejaste con la boca abierta. Nuestra idea es poder transmitir lo mejor posible, de primera mano, todas esas sensaciones, de forma que el lector viaje junto a nosotros, a través de las páginas.

Coméntanos...