El autostop en Rumania no deja de sorprenderme:

Miles de nuevas historias y personajes entrañables. La ruta, con el pulgar en alto, es algo así como un libro que no deja de escribirse.

En esta oportunidad una especie de collage de cuatro experiencias autostop en Rumania, durante mi vuelta a un país, que en mi primer episodio, meses atrás, había descubierto como único e inigualable para hacer dedo.

¡La aventura nos llama!

 

De Belgrado a Timisoara, entre la nieve y la lluvia

La nieve convertida en lluvia no es la mejor medicina, cuando el cuerpo comienza a congelarse. Aunque la decisión de cambiar la escenografía, horas más tarde, y probar suerte en la estación de servicios dará resultado. Mustafa se apiada de mi y de Libia a Buenos Aires, las sonrisas comienzan a dibujarse a montones. 10 kilómetros a Pancevo con pasaje pago a Vrsac en mano y 1000 dinar que rellenaran una billetera repleta de esperanzas, para llegar, luego de una pequeña demora, con un matrimonio mayor a la frontera. El frío no cesa pero Zoran sonríe y con indicación de mano agitada, me llevará a Timisoara. Un mes atrás lo multaron con 800€ y tres años de inhibición de entrada a Eslovenia, por llevar dos refugiados sirios de los cuáles desconocía su origen. Pero la gente de corazón gigante no cambia y el sigue permitiendo que cientos de viajeros lleguen a destino, semana a semana.

Timisoara-Alba Iulia de puerta a puerta

Siete meses y fracción para repetir mismo punto de partida. El trayecto será más largo. La espera también. Mario indica que vamos a Deva, para compensar mi demora con un almuerzo, sprite de litro y medio y una bolsa con bananas. Da una vuelta enorme para dejarme en la autopista y sin siquiera ilusionarme un minuto más tarde voy, gracias a un nuevo camionero, camino a Sebes. En la rotonda saberse a pocos kilómetros de destino y un automovilista en dirección contraria cambia de idea para llevarme a la puerta de mi próxima morada.

Desde Oarda de Sus a Arad con el calor de los días azules

Dos pequeños escollos para llegar al punto de partida oficial. Primero ionut y su bebé. Luego Virgil que me deja en una rotonda peligrosa a pasos de la autopista. No hay lugar para que los autos se frenen o me pare, pero no me preocupa nada. Pasará un buen rato pero para cuando me acuerde estaré a 160kms/h directo a Arad para arribar en tiempo récord.

Rumanía-Hungría: cuando se arriba a la misma hora de partida

Caminar desde temprano por más de hora y media, por querer arribar a la rotonda. Hay tres: pero eliges la primera, por el cansancio, y en solo segundos te dicen que van a Viena. En realidad a Munich, pero como tu cartel dice Szeged el conductor destaca la ruta. Dudas si no ir a Austria o Alemania, pero tienes compromisos establecidos en Hungria. Al final no te dejan en la autopista, sino que te acercan a la ciudad y lo paradójico de arribar, por el cambio de hora, a la misma hora en la que has iniciado a levantar el pulgar, en la primera rotonda.

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